Washington está exigiendo a las empresas internacionales que decidan entre operar en Irán o mantener el acceso al sistema financiero estadounidense. Durante una conferencia de prensa llevada a cabo este lunes, el Secretario del Tesoro, Scott Bessent, informó sobre una “ofensiva económica” dirigida a las redes de financiamiento iraní y anticipó que se anunciarán “sanciones contra una gran entidad financiera antes de que finalice la semana”.
Esta iniciativa, denominada Operación Marginación Económica, evoca la histórica tendencia de Washington de rotular cualquier gran operación como un “Día D”, tal como señaló Bessent.
Como parte de este enfoque, el Tesoro de Estados Unidos impuso sanciones a unas 60 entidades, individuos y embarcaciones en diferentes países, incluyendo a ciudadanos chinos, y revocó permisos que permitían operaciones comerciales limitadas con Irán.
Además, para las empresas extranjeras, es especialmente significativa la ampliación de sanciones secundarias que abarcan el transporte marítimo, la aviación, el oro, la tecnología y los activos digitales, además del ya existente enfoque en el petróleo.
Bessent advirtió que “cualquier entidad que facilite el lavado de dinero en nombre de Irán será expulsada del sistema del dólar”. También destacó que “nadie está por encima” de estas medidas en respuesta a una consulta sobre una posible extensión a China.
El responsable del Tesoro evitó fijar un plazo concreto, aunque dejó claro que la paciencia de la Casa Blanca tiene límites. Simultáneamente, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mantiene conversaciones directas con líderes de diversas naciones para presionarlos a romper cualquier vínculo comercial con Irán.
Un punto crucial es que el Departamento del Tesoro ha decidido no sancionar de manera directa a terceros países, reservando esta acción más severa para un eventual “período de subsanación”. En tanto, Irán ya ha advertido sobre represalias y ha instado a sus aliados económicos a resistir las demandas de la Casa Blanca.
Para las empresas europeas, la realidad es que el riesgo de pérdida frente a Irán es mínimo. Según datos de Eurostat, el comercio bilateral alcanzó en 2025 los 3.720 millones de euros, con exportaciones europeas de 2.970 millones. Esta cifra representa apenas el 0,1% de los envíos globales de la UE, quedando muy lejos del máximo de 27.000 millones de euros registrado en 2011.
No obstante, este volumen remanente se caracteriza por una alta concentración: Alemania acapara cerca del 32% del comercio entre la UE e Irán, seguida por Italia con 16% y los Países Bajos con 15%.
Las exportaciones europeas se componen mayoritariamente de productos farmacéuticos, maquinaria y material médico, que suelen estar sujetas a exenciones humanitarias, mientras que las importaciones se centran en pistachos y otros alimentos.
Por esta razón, los mercados europeos recibieron la noticia con tranquilidad el martes por la mañana.
Las empresas europeas enfrentan riesgos derivados de sanciones indirectas, a pesar del limitado comercio bilateral directo con Irán. El verdadero peligro para Europa no es el negocio directo con Teherán, sino el impacto de la aplicación de las sanciones estadounidenses.
Bancos, aseguradoras, navieras y comercializadoras de materias primas trabajan con clientes en varias naciones, lo que hace que la amenaza mayor consista en estar expuestos indirectamente a un socio o cliente que esté sancionado en cualquier lugar del mundo.
En 2014, el banco BNP Paribas fue multado con una cifra récord de 8.900 millones de dólares y se declaró culpable de delitos por procesar transacciones relacionadas con Irán, Sudán y Cuba. Como parte de la sanción, el banco perdió el derecho a liquidar operaciones en dólares a través de su filial en Nueva York durante un año.
Las sanciones secundarias se están extendiendo a sectores como el transporte, la aviación, el oro y los activos digitales, impactando a las empresas que operan con Irán.
Las firmas europeas se encuentran en una situación ambigua: el Estatuto de Bloqueo de la UE les prohíbe cumplir con las sanciones de Estados Unidos sin la aprobación de la Comisión, y la Justicia europea exige demostrar que la cancelación de contratos con Irán no es resultado de la presión de Washington. En la práctica, desde 2018, la mayoría ha optado por priorizar el acceso al dólar, y los recientes desarrollos evidencian que no hay razones para cambiar esta estrategia.
Esta iniciativa, denominada Operación Marginación Económica, evoca la histórica tendencia de Washington de rotular cualquier gran operación como un “Día D”, tal como señaló Bessent.
Como parte de este enfoque, el Tesoro de Estados Unidos impuso sanciones a unas 60 entidades, individuos y embarcaciones en diferentes países, incluyendo a ciudadanos chinos, y revocó permisos que permitían operaciones comerciales limitadas con Irán.
Además, para las empresas extranjeras, es especialmente significativa la ampliación de sanciones secundarias que abarcan el transporte marítimo, la aviación, el oro, la tecnología y los activos digitales, además del ya existente enfoque en el petróleo.
Bessent advirtió que “cualquier entidad que facilite el lavado de dinero en nombre de Irán será expulsada del sistema del dólar”. También destacó que “nadie está por encima” de estas medidas en respuesta a una consulta sobre una posible extensión a China.
El responsable del Tesoro evitó fijar un plazo concreto, aunque dejó claro que la paciencia de la Casa Blanca tiene límites. Simultáneamente, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mantiene conversaciones directas con líderes de diversas naciones para presionarlos a romper cualquier vínculo comercial con Irán.
Un punto crucial es que el Departamento del Tesoro ha decidido no sancionar de manera directa a terceros países, reservando esta acción más severa para un eventual “período de subsanación”. En tanto, Irán ya ha advertido sobre represalias y ha instado a sus aliados económicos a resistir las demandas de la Casa Blanca.
Para las empresas europeas, la realidad es que el riesgo de pérdida frente a Irán es mínimo. Según datos de Eurostat, el comercio bilateral alcanzó en 2025 los 3.720 millones de euros, con exportaciones europeas de 2.970 millones. Esta cifra representa apenas el 0,1% de los envíos globales de la UE, quedando muy lejos del máximo de 27.000 millones de euros registrado en 2011.
No obstante, este volumen remanente se caracteriza por una alta concentración: Alemania acapara cerca del 32% del comercio entre la UE e Irán, seguida por Italia con 16% y los Países Bajos con 15%.
Las exportaciones europeas se componen mayoritariamente de productos farmacéuticos, maquinaria y material médico, que suelen estar sujetas a exenciones humanitarias, mientras que las importaciones se centran en pistachos y otros alimentos.
Por esta razón, los mercados europeos recibieron la noticia con tranquilidad el martes por la mañana.
Las empresas europeas enfrentan riesgos derivados de sanciones indirectas, a pesar del limitado comercio bilateral directo con Irán. El verdadero peligro para Europa no es el negocio directo con Teherán, sino el impacto de la aplicación de las sanciones estadounidenses.
Bancos, aseguradoras, navieras y comercializadoras de materias primas trabajan con clientes en varias naciones, lo que hace que la amenaza mayor consista en estar expuestos indirectamente a un socio o cliente que esté sancionado en cualquier lugar del mundo.
En 2014, el banco BNP Paribas fue multado con una cifra récord de 8.900 millones de dólares y se declaró culpable de delitos por procesar transacciones relacionadas con Irán, Sudán y Cuba. Como parte de la sanción, el banco perdió el derecho a liquidar operaciones en dólares a través de su filial en Nueva York durante un año.
Las sanciones secundarias se están extendiendo a sectores como el transporte, la aviación, el oro y los activos digitales, impactando a las empresas que operan con Irán.
Las firmas europeas se encuentran en una situación ambigua: el Estatuto de Bloqueo de la UE les prohíbe cumplir con las sanciones de Estados Unidos sin la aprobación de la Comisión, y la Justicia europea exige demostrar que la cancelación de contratos con Irán no es resultado de la presión de Washington. En la práctica, desde 2018, la mayoría ha optado por priorizar el acceso al dólar, y los recientes desarrollos evidencian que no hay razones para cambiar esta estrategia.









