El frío calaba fuerte esta mañana en el salón Versalles del Hotel Alvear, pero no impidió que el Council of the Americas celebrara su encuentro anual, reuniendo por 23º año consecutivo a figuras destacadas del ámbito empresarial y político que analizan el contexto argentino. “Frío, ¿no?”, comenzó Mario Grinman, presidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) y anfitrión del evento, antes de brindar un discurso enfocado en una idea central: la libertad.
Grinman optó por un enfoque diferente al de años anteriores. En un discurso de seis minutos, reflexionó sobre el ejercicio de la libertad en lugar de su conquista. “Aun siendo un valor, tiene costos”, enfatizó, y destacó que la libertad se define como la capacidad del ser humano de actuar de diferentes maneras, lo que implica responsabilidad.
El empresario comparó el contexto actual con el de un país que describió como “un estado omnipresente” —que dictaba cuándo se podía exportar carne o especificaba la medida de estanterías en los supermercados—, y subrayó que hoy el sector privado ha recuperado protagonismo. “Ese estado sobredimensionado impedía a la mayoría de las empresas crecer y era un lastre para el país en general. Pero también hay que reconocer que ofrecía cierta comodidad: si las cosas salían mal, teníamos a quién culpar”, afirmó.
Grinman enumeró los sectores que, a su juicio, se han beneficiado de esta mayor libertad económica: los yacimientos de hidrocarburos de la Patagonia, que “aumentan exponencialmente su producción”; los recursos minerales de la cordillera, que Argentina miró “con envidia” hacia Chile y que ahora comienzan a explotarse; el creciente interés en inteligencia artificial como destino de inversión, y la reconversión de diversas actividades productivas en el país, incluyendo el agro.
Sin embargo, Grinman no eludió la realidad de la transformación económica en términos sociales. “Estamos pasando por un momento heterogéneo. Hay empresas que la están pasando mal, hay empresas que han cerrado, se han perdido puestos de trabajo”, admitió ante el auditorio, refiriéndose a un sector que representa alrededor del 65% del PBI y una parte significativa del empleo formal en el país. Pero, añadió, “si ese es el precio que tenemos que pagar los argentinos para transformar nuestro país, para que nuestros nietos puedan vivir en una nación normal y creíble, yo creo que vale la pena”.
El presidente de la CAC también exigió una mayor colaboración entre el sector público y privado. “No todo se le puede dejar al gobierno. Es momento de ser creativos y, entre todos, trabajar para un país mejor”, propuso. Hacia el final de su intervención, sin mencionar nombres, se refirió a afirmaciones de un político opositor sobre posibles nacionalizaciones y expropiaciones, contraponiendo ese escenario al actual rumbo económico: “No exento de sacrificio, pero si lo consolidamos, si lo continuamos, vamos a tener un país espectacular”. Cerró instando a los presentes a definir “de qué lado” quieren estar, dejando clara su posición.
A continuación, se dirigió a los asistentes Susan Segal, presidenta y CEO de Americas Society y del Council of the Americas, quien ha seguido de cerca la realidad argentina durante casi cinco décadas. Segal expresó un optimismo que trasciende al país, al afirmarse que las reformas, la disciplina fiscal y el creciente interés de los inversores están cambiando la percepción global hacia Argentina, enmarcando este proceso en un momento extraordinario para toda América Latina.
“En todos mis años trabajando en la región, nunca vi una convergencia tan interesante entre lo que el mundo necesita y lo que América Latina tiene para ofrecer”, comentó, refiriéndose a la demanda mundial de energía, minerales críticos y alimentos en un contexto de creciente conflicto geopolítico y tensión en las cadenas de suministro.
Segal sostuvo que Argentina “está particularmente bien posicionada para aprovechar este momento” y subrayó que el presidente Javier Milei “interpretó tempranamente una demanda de cambio” que hoy se observa en otros países de la región. A su juicio, esta sintonía entre gobiernos representa una oportunidad inigualable para la integración regional, que va más allá del comercio, abarcando áreas productivas, energéticas e infraestructurales. Mencionó el potencial de colaboración con Chile en el ámbito minero y logístico hacia el Pacífico, así como nuevas oportunidades con Paraguay, Bolivia, Perú y Ecuador.
Segal citó estadísticas que evidencian el rezago regional: solo cerca del 14% de las exportaciones de América Latina y el Caribe se destinan a la propia región, y este bloque representa apenas el 6% del comercio mundial, lejos de su verdadero potencial. En este contexto, dijo, los inversores comienzan a mirar a la región de manera diferente, considerándola como un área pacífica y con democracias consolidadas. Con respecto a Argentina, destacó los grandes proyectos en Vaca Muerta y en minería, además del retorno de capital argentino al país: “Cuando las empresas argentinas invierten, también le están mandando una señal al inversor internacional”, comentó, retomando una idea que ya había planteado en una intervención anterior.
Señaló que la combinación de energía abundante y capacidad tecnológica pueden hacer de Argentina un destino relevante para nuevas inversiones en inteligencia artificial y centros de datos, añadía que la relación con Estados Unidos podría profundizar el comercio y la inversión bilateral. Para sostener esa oportunidad, resaltó la necesidad de mantener el rumbo: estabilidad macroeconómica, reglas claras, seguridad jurídica y continuidad de las reformas.
“Este es un momento especial para Argentina, que tiene la oportunidad no solo de crecer, sino de volver a ser uno de los grandes motores económicos de América Latina”, concluyó, afirmando que el país “tiene un lugar especial” en su corazón.
Grinman optó por un enfoque diferente al de años anteriores. En un discurso de seis minutos, reflexionó sobre el ejercicio de la libertad en lugar de su conquista. “Aun siendo un valor, tiene costos”, enfatizó, y destacó que la libertad se define como la capacidad del ser humano de actuar de diferentes maneras, lo que implica responsabilidad.
El empresario comparó el contexto actual con el de un país que describió como “un estado omnipresente” —que dictaba cuándo se podía exportar carne o especificaba la medida de estanterías en los supermercados—, y subrayó que hoy el sector privado ha recuperado protagonismo. “Ese estado sobredimensionado impedía a la mayoría de las empresas crecer y era un lastre para el país en general. Pero también hay que reconocer que ofrecía cierta comodidad: si las cosas salían mal, teníamos a quién culpar”, afirmó.
Grinman enumeró los sectores que, a su juicio, se han beneficiado de esta mayor libertad económica: los yacimientos de hidrocarburos de la Patagonia, que “aumentan exponencialmente su producción”; los recursos minerales de la cordillera, que Argentina miró “con envidia” hacia Chile y que ahora comienzan a explotarse; el creciente interés en inteligencia artificial como destino de inversión, y la reconversión de diversas actividades productivas en el país, incluyendo el agro.
Sin embargo, Grinman no eludió la realidad de la transformación económica en términos sociales. “Estamos pasando por un momento heterogéneo. Hay empresas que la están pasando mal, hay empresas que han cerrado, se han perdido puestos de trabajo”, admitió ante el auditorio, refiriéndose a un sector que representa alrededor del 65% del PBI y una parte significativa del empleo formal en el país. Pero, añadió, “si ese es el precio que tenemos que pagar los argentinos para transformar nuestro país, para que nuestros nietos puedan vivir en una nación normal y creíble, yo creo que vale la pena”.
El presidente de la CAC también exigió una mayor colaboración entre el sector público y privado. “No todo se le puede dejar al gobierno. Es momento de ser creativos y, entre todos, trabajar para un país mejor”, propuso. Hacia el final de su intervención, sin mencionar nombres, se refirió a afirmaciones de un político opositor sobre posibles nacionalizaciones y expropiaciones, contraponiendo ese escenario al actual rumbo económico: “No exento de sacrificio, pero si lo consolidamos, si lo continuamos, vamos a tener un país espectacular”. Cerró instando a los presentes a definir “de qué lado” quieren estar, dejando clara su posición.
A continuación, se dirigió a los asistentes Susan Segal, presidenta y CEO de Americas Society y del Council of the Americas, quien ha seguido de cerca la realidad argentina durante casi cinco décadas. Segal expresó un optimismo que trasciende al país, al afirmarse que las reformas, la disciplina fiscal y el creciente interés de los inversores están cambiando la percepción global hacia Argentina, enmarcando este proceso en un momento extraordinario para toda América Latina.
“En todos mis años trabajando en la región, nunca vi una convergencia tan interesante entre lo que el mundo necesita y lo que América Latina tiene para ofrecer”, comentó, refiriéndose a la demanda mundial de energía, minerales críticos y alimentos en un contexto de creciente conflicto geopolítico y tensión en las cadenas de suministro.
Segal sostuvo que Argentina “está particularmente bien posicionada para aprovechar este momento” y subrayó que el presidente Javier Milei “interpretó tempranamente una demanda de cambio” que hoy se observa en otros países de la región. A su juicio, esta sintonía entre gobiernos representa una oportunidad inigualable para la integración regional, que va más allá del comercio, abarcando áreas productivas, energéticas e infraestructurales. Mencionó el potencial de colaboración con Chile en el ámbito minero y logístico hacia el Pacífico, así como nuevas oportunidades con Paraguay, Bolivia, Perú y Ecuador.
Segal citó estadísticas que evidencian el rezago regional: solo cerca del 14% de las exportaciones de América Latina y el Caribe se destinan a la propia región, y este bloque representa apenas el 6% del comercio mundial, lejos de su verdadero potencial. En este contexto, dijo, los inversores comienzan a mirar a la región de manera diferente, considerándola como un área pacífica y con democracias consolidadas. Con respecto a Argentina, destacó los grandes proyectos en Vaca Muerta y en minería, además del retorno de capital argentino al país: “Cuando las empresas argentinas invierten, también le están mandando una señal al inversor internacional”, comentó, retomando una idea que ya había planteado en una intervención anterior.
Señaló que la combinación de energía abundante y capacidad tecnológica pueden hacer de Argentina un destino relevante para nuevas inversiones en inteligencia artificial y centros de datos, añadía que la relación con Estados Unidos podría profundizar el comercio y la inversión bilateral. Para sostener esa oportunidad, resaltó la necesidad de mantener el rumbo: estabilidad macroeconómica, reglas claras, seguridad jurídica y continuidad de las reformas.
“Este es un momento especial para Argentina, que tiene la oportunidad no solo de crecer, sino de volver a ser uno de los grandes motores económicos de América Latina”, concluyó, afirmando que el país “tiene un lugar especial” en su corazón.









