Juan Vega Cruz es profesor de matemática y tecnología en la Ciudad de Salta, pero sus estudiantes residen a cientos de kilómetros. Cada día, ingresa a la sede central del Colegio Secundario Rural Mediado por TIC 5240, enciende su computadora y los conecta mediante videollamada. Al otro lado de la pantalla, los jóvenes le envían saludos desde las remotas regiones de la Puna y el impenetrable Chaco Salteño.
Este modelo educativo, que utiliza tecnologías de la información y la comunicación (TIC), posibilita la enseñanza en áreas de difícil acceso. Así, los educadores de esta institución dictan clases desde la capital salteña a 14 sedes en el interior de la provincia. Los estudiantes, en su mayoría pertenecientes a comunidades wichí y coya, caminan varios kilómetros hacia las escuelas primarias donde, a través de una antena satelital y computadoras prestadas, acceden a la plataforma educativa. No obstante, la interacción no es solo virtual: varias veces al año, los docentes se trasladan a las localidades para conocer a sus alumnos y su contexto.
En este entorno, el principal desafío para Juan es mantener la motivación de los jóvenes, quienes a menudo inician el año sin planes de continuar con sus estudios. “Establecer vínculos pedagógicos significativos mediante una computadora es un gran reto”, expresa, añadiendo que “es necesario comprender sus realidades, intereses y necesidades para desarrollar estrategias innovadoras que los vinculen con su aprendizaje”.
Además, en algunas de las sedes wichí, la barrera del idioma representa un obstáculo, ya que muchos jóvenes conservan su lengua originaria. “Muchos de ellos son inicialmente tímidos y tienen una comunicación más reservada”, señala. En respuesta, implementa una metodología inclusiva que considera las características socioculturales y los tiempos de aprendizaje de cada estudiante. Para fomentar la expresión oral y establecer lazos, las clases comienzan con anécdotas y diálogos.
Para mantener el interés en el aula, Juan ha introducido el aprendizaje basado en proyectos en la asignatura de tecnología. A lo largo del año, los estudiantes desarrollan iniciativas que abordan problemas de su entorno. En colaboración, aprenden a distribuir tareas, resolver conflictos y a pensar de manera crítica. Así, fortalecen su autonomía y confianza. Los resultados son proyectos tecnológicos diseñados para beneficiar a sus propias comunidades, como un traductor digital wichí-español creado por alumnos del Chaco salteño para preservar su lengua y un sistema de riego automático para invernaderos en la Puna.
Como parte de la materia, los proyectos se presentan en concursos y ferias nacionales, donde los estudiantes deben exponerse ante el público. “Quienes participan de estas ferias deben esforzarse más, realizando horas extraescolares”, comenta Vega. La satisfacción es significativa: “Los chicos, especialmente aquellos de origen wichí y coya, encuentran en estos proyectos la motivación para superarse. Aprenden a expresarse y a defender sus ideas”, añade.
En los últimos años, diversos proyectos han sido reconocidos en ferias de ciencias nacionales, entre ellos, el sistema de riego automático, que también les brindó la oportunidad de viajar al Instituto Balseiro. “Para ellos, esto representa una muestra de sus capacidades y de que, desde su lugar, pueden lograr grandes cosas”, afirma.
Estas experiencias han inspirado a muchos jóvenes a proseguir con estudios terciarios y universitarios. El impacto es también evidente en el aula, donde a lo largo del año los estudiantes refuerzan su autoestima, se animan a participar y a compartir sus conocimientos con el grupo.
Juan ve reflejado en sus alumnos al joven reservado que él mismo fue: “Si yo pude hacerlo, pienso que ellos también pueden, y eso me motiva mucho”. Observar su crecimiento y proyección reafirma el propósito de su labor. “Lograr que mis estudiantes de zonas rurales muy alejadas tengan hambre de conocimiento, deseen progresar, cultiven sueños y confíen en lograrlo es la mayor huella que puedo dejarles”, concluye.
El Premio Docentes que Inspiran ha destacado la labor de 36 educadores de 12 provincias, acumulando más de 14.000 postulaciones. Para más información sobre el premio, se puede visitar el sitio web o las cuentas de Instagram y Facebook correspondientes.
Para conocer las historias de los seis finalistas del Premio Docentes que Inspiran, acceda a la página web del concurso o a sus redes sociales.
Este modelo educativo, que utiliza tecnologías de la información y la comunicación (TIC), posibilita la enseñanza en áreas de difícil acceso. Así, los educadores de esta institución dictan clases desde la capital salteña a 14 sedes en el interior de la provincia. Los estudiantes, en su mayoría pertenecientes a comunidades wichí y coya, caminan varios kilómetros hacia las escuelas primarias donde, a través de una antena satelital y computadoras prestadas, acceden a la plataforma educativa. No obstante, la interacción no es solo virtual: varias veces al año, los docentes se trasladan a las localidades para conocer a sus alumnos y su contexto.
En este entorno, el principal desafío para Juan es mantener la motivación de los jóvenes, quienes a menudo inician el año sin planes de continuar con sus estudios. “Establecer vínculos pedagógicos significativos mediante una computadora es un gran reto”, expresa, añadiendo que “es necesario comprender sus realidades, intereses y necesidades para desarrollar estrategias innovadoras que los vinculen con su aprendizaje”.
Además, en algunas de las sedes wichí, la barrera del idioma representa un obstáculo, ya que muchos jóvenes conservan su lengua originaria. “Muchos de ellos son inicialmente tímidos y tienen una comunicación más reservada”, señala. En respuesta, implementa una metodología inclusiva que considera las características socioculturales y los tiempos de aprendizaje de cada estudiante. Para fomentar la expresión oral y establecer lazos, las clases comienzan con anécdotas y diálogos.
Para mantener el interés en el aula, Juan ha introducido el aprendizaje basado en proyectos en la asignatura de tecnología. A lo largo del año, los estudiantes desarrollan iniciativas que abordan problemas de su entorno. En colaboración, aprenden a distribuir tareas, resolver conflictos y a pensar de manera crítica. Así, fortalecen su autonomía y confianza. Los resultados son proyectos tecnológicos diseñados para beneficiar a sus propias comunidades, como un traductor digital wichí-español creado por alumnos del Chaco salteño para preservar su lengua y un sistema de riego automático para invernaderos en la Puna.
Como parte de la materia, los proyectos se presentan en concursos y ferias nacionales, donde los estudiantes deben exponerse ante el público. “Quienes participan de estas ferias deben esforzarse más, realizando horas extraescolares”, comenta Vega. La satisfacción es significativa: “Los chicos, especialmente aquellos de origen wichí y coya, encuentran en estos proyectos la motivación para superarse. Aprenden a expresarse y a defender sus ideas”, añade.
En los últimos años, diversos proyectos han sido reconocidos en ferias de ciencias nacionales, entre ellos, el sistema de riego automático, que también les brindó la oportunidad de viajar al Instituto Balseiro. “Para ellos, esto representa una muestra de sus capacidades y de que, desde su lugar, pueden lograr grandes cosas”, afirma.
Estas experiencias han inspirado a muchos jóvenes a proseguir con estudios terciarios y universitarios. El impacto es también evidente en el aula, donde a lo largo del año los estudiantes refuerzan su autoestima, se animan a participar y a compartir sus conocimientos con el grupo.
Juan ve reflejado en sus alumnos al joven reservado que él mismo fue: “Si yo pude hacerlo, pienso que ellos también pueden, y eso me motiva mucho”. Observar su crecimiento y proyección reafirma el propósito de su labor. “Lograr que mis estudiantes de zonas rurales muy alejadas tengan hambre de conocimiento, deseen progresar, cultiven sueños y confíen en lograrlo es la mayor huella que puedo dejarles”, concluye.
El Premio Docentes que Inspiran ha destacado la labor de 36 educadores de 12 provincias, acumulando más de 14.000 postulaciones. Para más información sobre el premio, se puede visitar el sitio web o las cuentas de Instagram y Facebook correspondientes.
Para conocer las historias de los seis finalistas del Premio Docentes que Inspiran, acceda a la página web del concurso o a sus redes sociales.









