En Argentina, la falta de información estadística y estrategias preventivas está afectando el rendimiento escolar y la vida cotidiana de miles de personas. A pesar de que los estándares internacionales indican que 1 de cada 12 hombres (8%) y 1 de cada 200 mujeres (0,5%) presenta alteraciones cromáticas congénitas, el país carece de un programa nacional de detección temprana para niños y de un registro epidemiológico oficial.
La diferencia en la prevalencia entre géneros se explica por un patrón genético recesivo que se encuentra en el cromosoma X: los hombres (XY) necesitan solamente una copia del gen alterado para manifestar la condición, mientras que las mujeres (XX) deben contar con la mutación en ambos cromosomas.
Dado que el daltonismo está presente desde el nacimiento, suele ser identificado en la etapa de alfabetización escolar, generalmente entre los 5 y los 7 años. Los primeros indicadores incluyen confusiones recurrentes al colorear, dificultades para distinguir prendas y problemas con la orientación en semáforos.
Sin un diagnóstico adecuado, el uso de material pedagógico que solo emplea códigos de colores puede convertirse en un obstáculo significativo. Así lo señala un informe consultado. Según el doctor Francisco Ceballos, especialista del Servicio de Oftalmología del Hospital Universitario Austral, “Cuando el material didáctico usa colores sin ninguna otra alternativa visual, un chico no diagnosticado puede ser injustamente etiquetado de ‘distraído’ o con ‘dificultades de aprendizaje’, lo que genera una enorme frustración y baja autoestima.”
El especialista resalta que la solución en el ámbito educativo es accesible y económica: no depender exclusivamente del color para transmitir información, incorporando siempre palabras, números, formas geométricas, patrones o símbolos.
A lo largo de la vida adulta, una percepción deficiente del color repercute en dimensiones críticas. Ante el aumento de ofertas de soluciones en Internet, Ceballos aclara que no existe cura definitiva: “ningún tratamiento puede corregir la causa genética de base ni convertir de forma permanente una visión alterada en una visión normal. En alteraciones adquiridas, abordar la enfermedad de base puede mejorar la visión.”
Los anteojos diseñados para el daltonismo utilizan filtros espectrales que modifican ciertas longitudes de onda, incrementando el contraste o la saturación. “Pueden ayudar a algunos usuarios a distinguir mejor ciertos matices en momentos específicos, pero no curan ni corrigen la causa médica”, advierte el experto.
En cuanto al daltonismo más común (rojo-verde), no hay ensayos clínicos en humanos en curso. “Para la acromatopsia, sí existen ensayos activos con terapia génica en niños que han mostrado mejoras en la función de los conos, aunque sin resultados consistentes o sostenidos en todos los pacientes”, concluyó el especialista.
La diferencia en la prevalencia entre géneros se explica por un patrón genético recesivo que se encuentra en el cromosoma X: los hombres (XY) necesitan solamente una copia del gen alterado para manifestar la condición, mientras que las mujeres (XX) deben contar con la mutación en ambos cromosomas.
Dado que el daltonismo está presente desde el nacimiento, suele ser identificado en la etapa de alfabetización escolar, generalmente entre los 5 y los 7 años. Los primeros indicadores incluyen confusiones recurrentes al colorear, dificultades para distinguir prendas y problemas con la orientación en semáforos.
Sin un diagnóstico adecuado, el uso de material pedagógico que solo emplea códigos de colores puede convertirse en un obstáculo significativo. Así lo señala un informe consultado. Según el doctor Francisco Ceballos, especialista del Servicio de Oftalmología del Hospital Universitario Austral, “Cuando el material didáctico usa colores sin ninguna otra alternativa visual, un chico no diagnosticado puede ser injustamente etiquetado de ‘distraído’ o con ‘dificultades de aprendizaje’, lo que genera una enorme frustración y baja autoestima.”
El especialista resalta que la solución en el ámbito educativo es accesible y económica: no depender exclusivamente del color para transmitir información, incorporando siempre palabras, números, formas geométricas, patrones o símbolos.
A lo largo de la vida adulta, una percepción deficiente del color repercute en dimensiones críticas. Ante el aumento de ofertas de soluciones en Internet, Ceballos aclara que no existe cura definitiva: “ningún tratamiento puede corregir la causa genética de base ni convertir de forma permanente una visión alterada en una visión normal. En alteraciones adquiridas, abordar la enfermedad de base puede mejorar la visión.”
Los anteojos diseñados para el daltonismo utilizan filtros espectrales que modifican ciertas longitudes de onda, incrementando el contraste o la saturación. “Pueden ayudar a algunos usuarios a distinguir mejor ciertos matices en momentos específicos, pero no curan ni corrigen la causa médica”, advierte el experto.
En cuanto al daltonismo más común (rojo-verde), no hay ensayos clínicos en humanos en curso. “Para la acromatopsia, sí existen ensayos activos con terapia génica en niños que han mostrado mejoras en la función de los conos, aunque sin resultados consistentes o sostenidos en todos los pacientes”, concluyó el especialista.









