Tras alcanzar un récord de reservas internacionales brutas en el Banco Central de la República Argentina (BCRA), superando los USD 50.000 millones, Ricardo Arriazu, economista de amplio reconocimiento en el ámbito gubernamental, alertó sobre las posibles repercusiones negativas de esta situación en la actividad económica. A su juicio, es fundamental encontrar un equilibrio entre las compras de divisas y la expansión del crédito.
El registro de reservas corresponde al nivel más alto desde septiembre de 2019 y marca un hito en la gestión de Javier Milei. En lo que va de 2026, el BCRA ha incorporado USD 13.373 millones a través de operaciones en el Mercado Libre de Cambios y adquisiciones en bloque.
Durante un evento organizado por la Cámara de Agentes de Bolsa, Arriazu expresó su inquietud respecto al efecto que esta política puede tener sobre el sistema financiero y la economía real. “Muy bien, aplaudo comprar divisas, pero hay que hacer un equilibrio entre comprar divisas y la expansión de crédito interno. Si ustedes quieren saber mi opinión, compramos demasiadas divisas”, sostuvo el especialista.
El economista centró su análisis en la correlación entre depósitos y créditos en el sistema bancario. “Subió el depósito mucho más que el crédito; el depósito contrae, el crédito expande y básicamente porque al subir la cartera los bancos tienen miedo de prestar”, afirmó.
Arriazu precisó que el Gobierno financió parte de la adquisición de divisas mediante crédito interno, lo que limitó los recursos disponibles para el financiamiento privado. “Para comprar divisas, el Gobierno estuvo sacando crédito interno”, destacó.
El estado de la actividad económica también fue un tema relevante en la charla de Arriazu. “Luego de un muy buen marzo, abril no fue bueno y mayo, que debería ser bueno, no fue bueno. Y la verdad es que tenemos una intriga porque todos los factores de crecimiento deberían estar mostrando crecimiento”, reflexionó, señalando que el problema se encuentra en el mercado monetario.
La acumulación de reservas se dio en un contexto que, según Arriazu, debería impulsar el crecimiento económico. “Ahora sí tengo mejores términos de intercambio, menor salida de capitales, Brasil anda igual, el clima fue bueno y la política fiscal es estable; no hay manera en que no crezca la demanda agregada”, sostuvo el economista.
Las proyecciones sobre la actividad para los meses de mayo y junio generan expectativas, ya que el ministro de Economía, Luis Caputo, ha señalado que ese será el inicio de los “mejores 18 meses” de las últimas décadas, anticipando mejoras en sectores históricamente rezagados como la construcción y la industria.
El comportamiento de los ahorristas y su decisión de adquirir dólares continúan siendo factores centrales en el análisis de Arriazu. “La clave es si los argentinos compran dólares o no compran dólares. El año pasado compraron USD 41.000 millones; este año vienen apuntando a un ritmo de USD 25.000-USD 30.000 millones”, explicó. Con una cosecha que aporta dos puntos al Producto Bruto Interno (PBI), el economista manifestó que la economía argentina debería mostrar signos de crecimiento. “Pero si no da crecimiento y no se traslada, ahí viene cómo comienza a afectar las expectativas”, agregó.
La evolución de la demanda agregada y la ampliación del crédito interno se perfilan como retos cruciales para la política económica en los próximos meses. Arriazu enfatizó que todos los factores de crecimiento están alineados para favorecer la actividad, aunque los datos de abril y mayo han sido decepcionantes. Para él, la clave se halla en la estructura del mercado monetario y en la aversión al riesgo de los bancos.
El debate sobre las implicaciones de la política de reservas en la actividad económica interna sigue abierto. Arriazu subrayó que el desafío radica en encontrar un punto de equilibrio entre la acumulación de divisas y el crédito, para asegurar que los recursos alcancen al sector productivo y se traduzcan en un auténtico crecimiento. Las expectativas se centran en la capacidad del Gobierno para gestionar estas variables en un entorno de alta sensibilidad en el mercado financiero.
El registro de reservas corresponde al nivel más alto desde septiembre de 2019 y marca un hito en la gestión de Javier Milei. En lo que va de 2026, el BCRA ha incorporado USD 13.373 millones a través de operaciones en el Mercado Libre de Cambios y adquisiciones en bloque.
Durante un evento organizado por la Cámara de Agentes de Bolsa, Arriazu expresó su inquietud respecto al efecto que esta política puede tener sobre el sistema financiero y la economía real. “Muy bien, aplaudo comprar divisas, pero hay que hacer un equilibrio entre comprar divisas y la expansión de crédito interno. Si ustedes quieren saber mi opinión, compramos demasiadas divisas”, sostuvo el especialista.
El economista centró su análisis en la correlación entre depósitos y créditos en el sistema bancario. “Subió el depósito mucho más que el crédito; el depósito contrae, el crédito expande y básicamente porque al subir la cartera los bancos tienen miedo de prestar”, afirmó.
Arriazu precisó que el Gobierno financió parte de la adquisición de divisas mediante crédito interno, lo que limitó los recursos disponibles para el financiamiento privado. “Para comprar divisas, el Gobierno estuvo sacando crédito interno”, destacó.
El estado de la actividad económica también fue un tema relevante en la charla de Arriazu. “Luego de un muy buen marzo, abril no fue bueno y mayo, que debería ser bueno, no fue bueno. Y la verdad es que tenemos una intriga porque todos los factores de crecimiento deberían estar mostrando crecimiento”, reflexionó, señalando que el problema se encuentra en el mercado monetario.
La acumulación de reservas se dio en un contexto que, según Arriazu, debería impulsar el crecimiento económico. “Ahora sí tengo mejores términos de intercambio, menor salida de capitales, Brasil anda igual, el clima fue bueno y la política fiscal es estable; no hay manera en que no crezca la demanda agregada”, sostuvo el economista.
Las proyecciones sobre la actividad para los meses de mayo y junio generan expectativas, ya que el ministro de Economía, Luis Caputo, ha señalado que ese será el inicio de los “mejores 18 meses” de las últimas décadas, anticipando mejoras en sectores históricamente rezagados como la construcción y la industria.
El comportamiento de los ahorristas y su decisión de adquirir dólares continúan siendo factores centrales en el análisis de Arriazu. “La clave es si los argentinos compran dólares o no compran dólares. El año pasado compraron USD 41.000 millones; este año vienen apuntando a un ritmo de USD 25.000-USD 30.000 millones”, explicó. Con una cosecha que aporta dos puntos al Producto Bruto Interno (PBI), el economista manifestó que la economía argentina debería mostrar signos de crecimiento. “Pero si no da crecimiento y no se traslada, ahí viene cómo comienza a afectar las expectativas”, agregó.
La evolución de la demanda agregada y la ampliación del crédito interno se perfilan como retos cruciales para la política económica en los próximos meses. Arriazu enfatizó que todos los factores de crecimiento están alineados para favorecer la actividad, aunque los datos de abril y mayo han sido decepcionantes. Para él, la clave se halla en la estructura del mercado monetario y en la aversión al riesgo de los bancos.
El debate sobre las implicaciones de la política de reservas en la actividad económica interna sigue abierto. Arriazu subrayó que el desafío radica en encontrar un punto de equilibrio entre la acumulación de divisas y el crédito, para asegurar que los recursos alcancen al sector productivo y se traduzcan en un auténtico crecimiento. Las expectativas se centran en la capacidad del Gobierno para gestionar estas variables en un entorno de alta sensibilidad en el mercado financiero.









