El aumento constante del monotributo está generando presión sobre el financiamiento del sistema previsional en Argentina. Los aportes mensuales de este régimen son inferiores a los de un trabajador registrado, lo que implica que, a medida que crece el número de inscriptos, también se incrementa la cantidad de aportantes requeridos para mantener una jubilación.
Actualmente, se requieren 34 monotributistas para financiar un haber medio, en comparación con 3,5 asalariados registrados, según un análisis realizado por economistas.
El Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) cuenta con 10,3 millones de aportantes para sustentar 7,5 millones de beneficios. De este total, el 74% corresponde a trabajadores en relación de dependencia y el 26% restante a independientes, de los cuales 2,2 millones son monotributistas.
El informe señala que la participación del monotributo en el total de aportantes se ha duplicado en casi tres décadas, pasando del 9% en 1998 a más del 20% en marzo de 2026. En términos absolutos, los inscriptos en este régimen que contribuyen al sistema aumentaron de 513.000 a 2,2 millones, representando un incremento del 331%.
Asimismo, se destaca que, en comparación con el ingreso promedio de un trabajador registrado, el aporte previsional representa el 11,2% para asalariados, el 5,2% para autónomos y solo el 1,1% para monotributistas. En marzo de 2026, un asalariado registrado aportaba en promedio $187.098, mientras que un monotributista contribuía apenas con $19.215 mensuales, casi diez veces menos. Esta diferencia en los montos justifica la necesidad de contar con un número significativamente mayor de aportantes en el régimen simplificado. Incluso para acceder a una jubilación mínima con bono, la relación es de 2,4 asalariados por cada 23 monotributistas.
La estructura interna del régimen acentúa esta desigualdad: más de la mitad de los monotributistas que aportan al SIPA se encuentran en la categoría A, y casi dos tercios se agrupan entre las categorías A y B. Esto implica que la mayoría de los inscriptos están en los escalones de menor facturación y, por ende, de menor aporte previsional.
“Estos resultados no implican que el monotributo sea un problema en sí mismo”, sostiene el informe del Ieral. Este régimen ha permitido incluir en el sistema previsional a millones de trabajadores independientes que, de otro modo, podrían haber permanecido fuera de la formalidad.
No obstante, se señala que su creciente participación se combina con otros dos factores: la alta informalidad laboral y el envejecimiento poblacional. Según datos del INDEC, la proporción de la población de 65 años y más pasará del 12% en 2022 al 17% en 2040, mientras que el índice de envejecimiento podría aumentar de 55 a 115 adultos mayores por cada 100 menores de 15 años.
El estudio del Ieral resalta que los aportes y contribuciones ya no son suficientes para cubrir el gasto previsional del SIPA, que presenta un déficit cercano al 2% del PIB y requiere transferencias del Tesoro Nacional.
Este déficit tiene repercusiones en los haberes, ya que en los últimos tres años la jubilación media ha registrado una pérdida del 13% en su poder adquisitivo, mientras que la mínima con bono ha caído un 20%. Al mismo tiempo, aproximadamente un millón de personas mayores de 65 años continúan trabajando, representando el 4,6% del total de ocupados.
El informe concluye que la reforma previsional pendiente no solo deberá revisar la edad de jubilación y los requisitos de acceso, sino que también será necesario repensar las bases de financiamiento de un sistema diseñado para un mercado laboral que ya ha cambiado y que seguirá transformándose conforme aumente la proporción de monotributistas.
El Fondo Monetario Internacional, cuya directora gerente recientemente visitó Argentina, ha solicitado al Gobierno avanzar en ambas direcciones: implementar una reforma previsional y realizar ajustes en el monotributo para alinear las alícuotas y las contribuciones sociales con el régimen general.
Actualmente, se requieren 34 monotributistas para financiar un haber medio, en comparación con 3,5 asalariados registrados, según un análisis realizado por economistas.
El Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) cuenta con 10,3 millones de aportantes para sustentar 7,5 millones de beneficios. De este total, el 74% corresponde a trabajadores en relación de dependencia y el 26% restante a independientes, de los cuales 2,2 millones son monotributistas.
El informe señala que la participación del monotributo en el total de aportantes se ha duplicado en casi tres décadas, pasando del 9% en 1998 a más del 20% en marzo de 2026. En términos absolutos, los inscriptos en este régimen que contribuyen al sistema aumentaron de 513.000 a 2,2 millones, representando un incremento del 331%.
Asimismo, se destaca que, en comparación con el ingreso promedio de un trabajador registrado, el aporte previsional representa el 11,2% para asalariados, el 5,2% para autónomos y solo el 1,1% para monotributistas. En marzo de 2026, un asalariado registrado aportaba en promedio $187.098, mientras que un monotributista contribuía apenas con $19.215 mensuales, casi diez veces menos. Esta diferencia en los montos justifica la necesidad de contar con un número significativamente mayor de aportantes en el régimen simplificado. Incluso para acceder a una jubilación mínima con bono, la relación es de 2,4 asalariados por cada 23 monotributistas.
La estructura interna del régimen acentúa esta desigualdad: más de la mitad de los monotributistas que aportan al SIPA se encuentran en la categoría A, y casi dos tercios se agrupan entre las categorías A y B. Esto implica que la mayoría de los inscriptos están en los escalones de menor facturación y, por ende, de menor aporte previsional.
“Estos resultados no implican que el monotributo sea un problema en sí mismo”, sostiene el informe del Ieral. Este régimen ha permitido incluir en el sistema previsional a millones de trabajadores independientes que, de otro modo, podrían haber permanecido fuera de la formalidad.
No obstante, se señala que su creciente participación se combina con otros dos factores: la alta informalidad laboral y el envejecimiento poblacional. Según datos del INDEC, la proporción de la población de 65 años y más pasará del 12% en 2022 al 17% en 2040, mientras que el índice de envejecimiento podría aumentar de 55 a 115 adultos mayores por cada 100 menores de 15 años.
El estudio del Ieral resalta que los aportes y contribuciones ya no son suficientes para cubrir el gasto previsional del SIPA, que presenta un déficit cercano al 2% del PIB y requiere transferencias del Tesoro Nacional.
Este déficit tiene repercusiones en los haberes, ya que en los últimos tres años la jubilación media ha registrado una pérdida del 13% en su poder adquisitivo, mientras que la mínima con bono ha caído un 20%. Al mismo tiempo, aproximadamente un millón de personas mayores de 65 años continúan trabajando, representando el 4,6% del total de ocupados.
El informe concluye que la reforma previsional pendiente no solo deberá revisar la edad de jubilación y los requisitos de acceso, sino que también será necesario repensar las bases de financiamiento de un sistema diseñado para un mercado laboral que ya ha cambiado y que seguirá transformándose conforme aumente la proporción de monotributistas.
El Fondo Monetario Internacional, cuya directora gerente recientemente visitó Argentina, ha solicitado al Gobierno avanzar en ambas direcciones: implementar una reforma previsional y realizar ajustes en el monotributo para alinear las alícuotas y las contribuciones sociales con el régimen general.









