La visita del papa León XIV a la Argentina reaviva el debate sobre los vínculos entre fe, emociones y bienestar. En ese marco, el cardiólogo Jorge Tartaglione examinó si tener una religión o una creencia puede beneficiar la salud y repasó la evidencia científica disponible. En su análisis, subrayó la importancia de la vida en comunidad y explicó de qué manera los vínculos pueden impulsar hábitos de cuidado. También se refirió a la oración ante una enfermedad y a la cercanía que algunas personas sienten con figuras religiosas como el Papa. A la vez, diferenció el respaldo emocional que puede ofrecer la espiritualidad de los efectos de un tratamiento médico, y señaló que también importa cómo vive cada persona sus creencias.
Ir a misa y vivir más: qué explicó Tartaglione
El médico citó una investigación realizada con un grupo de enfermeras que detectó una asociación entre la asistencia a misa y un menor riesgo de muerte. De acuerdo con los resultados que mencionó, las participantes que concurrían a esas celebraciones tenían un riesgo de morir un 33% más bajo y una reducción del 27% en la mortalidad cardiovascular. Tartaglione advirtió que esas cifras no debían interpretarse como un efecto directo de la misa: “Pero no es por la misa”. En cambio, señaló las prácticas de cuidado de quienes asistían y el entorno social que compartían. “Lo que tienen es que se cuidan mucho más”, sostuvo.
La comunidad y los vínculos como espacios de cuidado
Para Tartaglione, reunirse y compartir un ámbito de pertenencia es clave para entender esa relación. En su reflexión, destacó que la congregación y el contacto con otras personas pueden contribuir al cuidado de quienes participan. También mencionó los encuentros de apoyo para personas con problemas de alcohol que se organizan en algunas comunidades religiosas. Según explicó, el intercambio entre pares crea vínculos que ayudan a que sus integrantes se cuiden más.
Su interés por el tema también se relaciona con vivencias personales. El médico recordó una visita a un santuario en Salta, donde vio a personas rezar mientras caminaban y conversó con ellas sobre las razones de su viaje. Al contar qué sintió al llegar, describió “un bienestar increíble”.
En el contexto de la visita de León XIV, también habló del apego que puede generar el Papa. Para algunas personas, verlo despierta una sensación de cercanía y bienestar, una dimensión emocional que incluyó en su análisis de la fe.
Rezar por un enfermo: el lugar de la espiritualidad
Otra pregunta que abordó el cardiólogo fue si rezar a distancia por una persona enferma puede mejorar su recuperación. No atribuyó a esa práctica un efecto sobre la evolución clínica del paciente y puso el acento en el acompañamiento emocional. “La fe lo que hace es acompañar el tratamiento”, expresó. Añadió que rezar puede generar bienestar y satisfacción en quien lo hace, al darle la sensación de estar ayudando a otra persona.
Al final de su intervención, Tartaglione analizó la relación entre religión y salud mental. A su juicio, no basta con saber si alguien tiene fe: también es necesario considerar qué sentimientos le provoca esa creencia. El médico distinguió entre una vivencia religiosa atravesada por el temor al castigo y otra vinculada con el bienestar y el acompañamiento. Explicó que la idea de un Dios que castiga puede implicar una fuerte carga emocional. En contraste, describió una creencia que brinda consuelo y confianza: “Si lo ves como un bienestar y como una fe, la cosa mejora”, concluyó.
Ir a misa y vivir más: qué explicó Tartaglione
El médico citó una investigación realizada con un grupo de enfermeras que detectó una asociación entre la asistencia a misa y un menor riesgo de muerte. De acuerdo con los resultados que mencionó, las participantes que concurrían a esas celebraciones tenían un riesgo de morir un 33% más bajo y una reducción del 27% en la mortalidad cardiovascular. Tartaglione advirtió que esas cifras no debían interpretarse como un efecto directo de la misa: “Pero no es por la misa”. En cambio, señaló las prácticas de cuidado de quienes asistían y el entorno social que compartían. “Lo que tienen es que se cuidan mucho más”, sostuvo.
La comunidad y los vínculos como espacios de cuidado
Para Tartaglione, reunirse y compartir un ámbito de pertenencia es clave para entender esa relación. En su reflexión, destacó que la congregación y el contacto con otras personas pueden contribuir al cuidado de quienes participan. También mencionó los encuentros de apoyo para personas con problemas de alcohol que se organizan en algunas comunidades religiosas. Según explicó, el intercambio entre pares crea vínculos que ayudan a que sus integrantes se cuiden más.
Su interés por el tema también se relaciona con vivencias personales. El médico recordó una visita a un santuario en Salta, donde vio a personas rezar mientras caminaban y conversó con ellas sobre las razones de su viaje. Al contar qué sintió al llegar, describió “un bienestar increíble”.
En el contexto de la visita de León XIV, también habló del apego que puede generar el Papa. Para algunas personas, verlo despierta una sensación de cercanía y bienestar, una dimensión emocional que incluyó en su análisis de la fe.
Rezar por un enfermo: el lugar de la espiritualidad
Otra pregunta que abordó el cardiólogo fue si rezar a distancia por una persona enferma puede mejorar su recuperación. No atribuyó a esa práctica un efecto sobre la evolución clínica del paciente y puso el acento en el acompañamiento emocional. “La fe lo que hace es acompañar el tratamiento”, expresó. Añadió que rezar puede generar bienestar y satisfacción en quien lo hace, al darle la sensación de estar ayudando a otra persona.
Al final de su intervención, Tartaglione analizó la relación entre religión y salud mental. A su juicio, no basta con saber si alguien tiene fe: también es necesario considerar qué sentimientos le provoca esa creencia. El médico distinguió entre una vivencia religiosa atravesada por el temor al castigo y otra vinculada con el bienestar y el acompañamiento. Explicó que la idea de un Dios que castiga puede implicar una fuerte carga emocional. En contraste, describió una creencia que brinda consuelo y confianza: “Si lo ves como un bienestar y como una fe, la cosa mejora”, concluyó.









