Morgan Stanley ha identificado un obstáculo clave que limita la recuperación económica de Argentina: la alta morosidad de los hogares, que se mantiene alrededor del 13%. Esta situación repercute en la capacidad de las familias para acceder a nuevos créditos y mantener el consumo.
En un informe publicado el 17 de octubre, la entidad bancaria de Wall Street señala que esta situación financiera dificulta la traducción de señales macroeconómicas positivas, como la desaceleración de la inflación núcleo y la acumulación de reservas por parte del Banco Central, en una reactivación efectiva de la demanda.
La entidad pronostica una recuperación gradual de los salarios reales y una estabilización de los préstamos impagos, pero sostiene que la mejora en el crédito y el consumo estará condicionada a la capacidad de pago de los hogares.
La alta morosidad se presenta como un freno para que la mejoría macroeconómica se convierta en un repunte más amplio. Aunque se observan tendencias favorables en la inflación, la compra de dólares por el Banco Central y la estabilización de los créditos irregulares, las dificultades económicas de las familias harán que la recuperación del crédito y del consumo sea lenta y asimétrica.
El documento también destaca signos de estabilización en la cartera de préstamos irregulares del sector privado, cuya proporción se situaba en el 7,7% en julio. Esta cifra comparada con la morosidad familiar indica que una mejora general puede coexistir con importantes dificultades en el segmento más vinculado al consumo.
La cautela se apoya también en la evolución de los préstamos. Según el informe, el crédito en pesos tuvo un crecimiento real entre marzo y julio, pero registró una contracción en agosto, en medio de un consumo y confianza debilitados. Esta expansión inicial todavía requerirá de un proceso de consolidación.
La interrelación entre estas variables es fundamental en el análisis del banco: un aumento en el salario real podría mejorar la capacidad de pago, facilitar una expansión más robusta del crédito y permitir que el financiamiento fomente el consumo. Sin embargo, el alto nivel de morosidad condiciona la celeridad de este progreso.
Por tanto, la advertencia se centra en la velocidad y el alcance de la recuperación. Si bien el informe identifica logros, su impacto en las familias requerirá tiempo para materializarse. La estabilización de los niveles de morosidad es un indicador positivo, aunque su eficacia dependerá de una mejora sostenida en los pagos y el financiamiento.
En el ámbito de los precios, Morgan Stanley destaca un dato alentador en un contexto general que se ha acelerado. La inflación de septiembre fue del 1,9% mensual, superior al 1,7% de agosto y al 1,8% que se esperaba, aunque se alineó con las proyecciones generales. La variación interanual alcanzó el 33,4%.
Contrariamente, la inflación núcleo se moderó al 1,7%, mientras que los precios regulados aumentaron un 2,3%, impulsados principalmente por los servicios públicos y la medicina prepaga. Aunque las verduras generaron presión estacional, los precios de la carne se mantuvieron estables y se desaceleraron los incrementos en restaurantes y hoteles.
Para el banco, la moderación en el componente núcleo es coherente con un proceso gradual de desinflación que podría beneficiar a los salarios reales, la confianza y, eventualmente, al consumo. El desafío radica nuevamente en la rapidez: los ajustes en los precios regulados seguirán posponiendo la disminución en la inflación general.
Otro apoyo a la evaluación macroeconómica proviene de las compras de divisas. Al momento de la elaboración del informe, el Banco Central había adquirido 574 millones de dólares en la semana, después de haber comprado 69 millones el viernes anterior. Desde el inicio del programa, las adquisiciones acumuladas alcanzan los 15.500 millones de dólares.
Morgan Stanley considera que las autoridades están superando las previsiones de este programa de compras y resalta su contribución al fortalecimiento de las reservas, un elemento clave para la estabilidad macroeconómica. Este total corresponde a compras de divisas y no implica un aumento equivalente en las reservas netas.
Las proyecciones de la entidad delinean un panorama de mejora gradual. Se prevé que la economía argentina crezca un 2,8% en 2026 y un 2,7% en 2027, con una inflación interanual de 29,7% y 21%, respectivamente. La expansión estimada para el año próximo se mantendrá casi al mismo nivel actual.
Para finales de 2026, se espera un tipo de cambio de 1.633 pesos por dólar y reservas internacionales por 49.000 millones de dólares. Para fines de 2027, las previsiones son de 1.938 pesos y 55.000 millones de dólares. Además, se estima un superávit primario del 1,3% del PIB en ambos años, con un resultado fiscal total de 0,1% del PIB para este año, seguido por un equilibrio en 2027.
La inquietud subyacente en este escenario es cuánto tiempo tomará que el fortalecimiento macroeconómico se refleje en una recuperación más amplia de la demanda. La acumulación de reservas y la baja inflación contribuyen a este proceso, mientras que la situación financiera de los hogares sigue afectando uno de sus principales circuitos: el crédito.
Durante la semana del 19 al 23 de octubre, Morgan Stanley se enfocará en la balanza comercial de septiembre, el EMAE de agosto y la confianza del consumidor de octubre. Estos datos permitirán monitorear tanto la situación externa como la actividad interna y las expectativas de las familias. Una mejora en la capacidad de pago y una expansión sostenida del crédito serán esenciales para que el consumo recupere impulso.
En un informe publicado el 17 de octubre, la entidad bancaria de Wall Street señala que esta situación financiera dificulta la traducción de señales macroeconómicas positivas, como la desaceleración de la inflación núcleo y la acumulación de reservas por parte del Banco Central, en una reactivación efectiva de la demanda.
La entidad pronostica una recuperación gradual de los salarios reales y una estabilización de los préstamos impagos, pero sostiene que la mejora en el crédito y el consumo estará condicionada a la capacidad de pago de los hogares.
La alta morosidad se presenta como un freno para que la mejoría macroeconómica se convierta en un repunte más amplio. Aunque se observan tendencias favorables en la inflación, la compra de dólares por el Banco Central y la estabilización de los créditos irregulares, las dificultades económicas de las familias harán que la recuperación del crédito y del consumo sea lenta y asimétrica.
El documento también destaca signos de estabilización en la cartera de préstamos irregulares del sector privado, cuya proporción se situaba en el 7,7% en julio. Esta cifra comparada con la morosidad familiar indica que una mejora general puede coexistir con importantes dificultades en el segmento más vinculado al consumo.
La cautela se apoya también en la evolución de los préstamos. Según el informe, el crédito en pesos tuvo un crecimiento real entre marzo y julio, pero registró una contracción en agosto, en medio de un consumo y confianza debilitados. Esta expansión inicial todavía requerirá de un proceso de consolidación.
La interrelación entre estas variables es fundamental en el análisis del banco: un aumento en el salario real podría mejorar la capacidad de pago, facilitar una expansión más robusta del crédito y permitir que el financiamiento fomente el consumo. Sin embargo, el alto nivel de morosidad condiciona la celeridad de este progreso.
Por tanto, la advertencia se centra en la velocidad y el alcance de la recuperación. Si bien el informe identifica logros, su impacto en las familias requerirá tiempo para materializarse. La estabilización de los niveles de morosidad es un indicador positivo, aunque su eficacia dependerá de una mejora sostenida en los pagos y el financiamiento.
En el ámbito de los precios, Morgan Stanley destaca un dato alentador en un contexto general que se ha acelerado. La inflación de septiembre fue del 1,9% mensual, superior al 1,7% de agosto y al 1,8% que se esperaba, aunque se alineó con las proyecciones generales. La variación interanual alcanzó el 33,4%.
Contrariamente, la inflación núcleo se moderó al 1,7%, mientras que los precios regulados aumentaron un 2,3%, impulsados principalmente por los servicios públicos y la medicina prepaga. Aunque las verduras generaron presión estacional, los precios de la carne se mantuvieron estables y se desaceleraron los incrementos en restaurantes y hoteles.
Para el banco, la moderación en el componente núcleo es coherente con un proceso gradual de desinflación que podría beneficiar a los salarios reales, la confianza y, eventualmente, al consumo. El desafío radica nuevamente en la rapidez: los ajustes en los precios regulados seguirán posponiendo la disminución en la inflación general.
Otro apoyo a la evaluación macroeconómica proviene de las compras de divisas. Al momento de la elaboración del informe, el Banco Central había adquirido 574 millones de dólares en la semana, después de haber comprado 69 millones el viernes anterior. Desde el inicio del programa, las adquisiciones acumuladas alcanzan los 15.500 millones de dólares.
Morgan Stanley considera que las autoridades están superando las previsiones de este programa de compras y resalta su contribución al fortalecimiento de las reservas, un elemento clave para la estabilidad macroeconómica. Este total corresponde a compras de divisas y no implica un aumento equivalente en las reservas netas.
Las proyecciones de la entidad delinean un panorama de mejora gradual. Se prevé que la economía argentina crezca un 2,8% en 2026 y un 2,7% en 2027, con una inflación interanual de 29,7% y 21%, respectivamente. La expansión estimada para el año próximo se mantendrá casi al mismo nivel actual.
Para finales de 2026, se espera un tipo de cambio de 1.633 pesos por dólar y reservas internacionales por 49.000 millones de dólares. Para fines de 2027, las previsiones son de 1.938 pesos y 55.000 millones de dólares. Además, se estima un superávit primario del 1,3% del PIB en ambos años, con un resultado fiscal total de 0,1% del PIB para este año, seguido por un equilibrio en 2027.
La inquietud subyacente en este escenario es cuánto tiempo tomará que el fortalecimiento macroeconómico se refleje en una recuperación más amplia de la demanda. La acumulación de reservas y la baja inflación contribuyen a este proceso, mientras que la situación financiera de los hogares sigue afectando uno de sus principales circuitos: el crédito.
Durante la semana del 19 al 23 de octubre, Morgan Stanley se enfocará en la balanza comercial de septiembre, el EMAE de agosto y la confianza del consumidor de octubre. Estos datos permitirán monitorear tanto la situación externa como la actividad interna y las expectativas de las familias. Una mejora en la capacidad de pago y una expansión sostenida del crédito serán esenciales para que el consumo recupere impulso.









