El mercado cambiario inició noviembre con renovada tensión al registrar su segunda rueda consecutiva en alza. La cotización minorista alcanzó los $1.570 para la venta al público, mientras que en el segmento mayorista quebró por primera vez la barrera de los $1.550. Esta aceleración en el precio de la divisa combinó la habitual demanda estacional de los primeros días del mes con el salto del riesgo país por encima de los 800 puntos básicos y, de manera determinante, el arrastre de una depreciación del real en Brasil.
El frente externo operó como un catalizador directo sobre la plaza local. La moneda brasileña pasó de 5,35 a 5,49 unidades por dólar en pocos días, acumulando una depreciación del 10% y aproximándose a niveles de fuerte volatilidad electoral. Este movimiento disparó la salida de inversores en el país vecino y alteró el equilibrio cambiario en la región, en momentos donde la brecha cambiaria a nivel local también mostró signos de ensanchamiento con el contado con liquidación acercándose a los $1.700.
La reacción de las cotizaciones plantea un cambio de dinámica respecto a los últimos meses, período en el cual la plaza cambiaria había permanecido al margen del deterioro de los títulos de deuda soberana. Mientras el riesgo país prácticamente se duplicó en tres meses al saltar de 400 puntos a finales de julio a 831 puntos básicos, el tipo de cambio oficial acumuló en solo dos jornadas un avance del 1,1%, un porcentaje que habitualmente demandaba todo un mes de ajuste.
Pese a este movimiento acelerado y a la decisión de la autoridad monetaria de no intervenir en el mercado durante el arranque del mes, la conducción económica ratificó el rumbo. La postura oficial descarta de plano recurrir a un salto discreto del tipo de cambio para corregir la competitividad, argumentando que las devaluaciones erosionan de forma directa el poder adquisitivo de los salarios.
La estrategia proyectada descansa en que la mayor competitividad provenga de la baja de costos impositivos y regulatorios, junto con la consolidación de exportaciones récord en manufacturas, pymes, minería y energía. Desde el Palacio de Hacienda se proyecta un esquema con creciente abundancia de divisas, apuntalado por el ingreso de inversiones asociadas al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), apostando a despejar las dudas sobre la sostenibilidad del régimen cambiario.









