Donald Trump afirmó: “La única razón por la que las comunidades a través de Estados Unidos no quieren que se construyan los data centers es que quieren terminar siendo atrasadas y pobres. En cambio, si quieren ser exitosas, ricas, con impuestos mucho más bajos y puestos de trabajo en abundancia, hay que dejar que reinen los data centers por todos lados”. Este mensaje está dirigido especialmente a los republicanos, quienes son algunos de los más fervientes opositores a la proliferación de estas instalaciones. La oposición a los data centers cuenta con el apoyo de más del 55% de la población estadounidense, convirtiéndose en un tema clave para las elecciones de medio término que se celebrarán el 3 de noviembre. En juego está el control de las dos cámaras del Congreso, componentes esenciales de la estructura política de Estados Unidos. Así, se puede afirmar que Trump, conocido por su enfoque negociador y pragmático, también cuenta con una base de convicciones ideológicas profundas. La principal diferencia entre su primer mandato (2017-2021) y lo que podría ser su segundo radica en su base de apoyo. En el primero, logró resonar con los trabajadores de los estados del Medio Oeste (como Pensilvania, Ohio, Michigan y Wisconsin) que habían perdido sus empleos debido al impacto combinado del auge de China y la globalización, que llevó a muchas empresas a relocalizar su producción en busca de menores costos. Esta situación resultó en la devastación de zonas industriales del Medio Oeste, donde la desocupación se tradujo en un aumento del alcoholismo, el consumo de drogas y la violencia familiar. En ese contexto, Trump se presentó como un candidato novedoso, superando a 16 rivales en las primarias republicanas y, posteriormente, derrotando a Hillary Clinton en las elecciones generales. Para las elecciones de noviembre de 2024, consiguió apoyo popular en todos los estados y también en los siete esenciales para obtener la mayoría en el Colegio Electoral de los últimos 70 años. Sin embargo, ahora cuenta con una nueva alianza estratégica con Silicon Valley, el epicentro de la alta tecnología que confía plenamente en las capacidades de la inteligencia artificial (IA). Esta colaboración se ha materializado con la inclusión de J.D. Vance en la fórmula presidencial, representando al capital riesgo y al sector tecnológico. El círculo cercano a Vance incluye a figuras como Mark Andreessen, Elon Musk y David Sacks, un importante referente del sector en la actualidad, quienes han creado el Manifiesto Súper-Optimista, reflejo de la ideología que guía a Estados Unidos. Posteriormente, se sumó Jensen Huang, fundador de Nvidia, una empresa clave en el ámbito de la IA. Este “Manifiesto” sostiene que las posibilidades de la inteligencia artificial son ilimitadas, dado su crecimiento exponencial y sus aportes en diversas industrias. Al mismo tiempo, China, como otra gran potencia, también se caracteriza por una estructura ideológica, resultado de una mezcla de análisis dialecticos del marxismo y lecciones de su milenaria historia, lo que le otorga una confianza inquebrantable. Friedrich Nietzsche menciona que “el hombre es un eterno creador de dioses”, describiendo la esencia de la humanidad en su búsqueda de trascendencia. Tanto Estados Unidos como China han creado su propia mitología, lo que les ha permitido liderar el mundo; de hecho, más de dos tercios de los 5.400 data centers construidos hasta ahora, que se duplicarán en tres años, están ubicados en ambos países. Trump y Xi Jinping se reunirán en Washington el 24 de septiembre para discutir asuntos comerciales, particularmente la notable reducción del superávit comercial chino. Esta es una oportunidad donde ambos “súper optimistas” fijarán el rumbo del sistema global, demostrando que “todo lo que asciende históricamente converge”, como expresó Teilhard de Chardin.









