Referentes de múltiples partidos políticos han expresado su posición en el nuevo aniversario del atentado contra Cristina Kirchner, enfatizando que “la democracia no admite la eliminación del adversario”.
La declaración aborda el contexto de persecución política, mediática y judicial que rodeó el intento de magnicidio de la expresidenta, subrayando que “no puede ser reducido a un episodio aislado ni desvinculado del clima político que lo precedió”.
Asimismo, sostiene: “Existe una frontera que ninguna democracia puede permitirse cruzar: cuando la eliminación simbólica del adversario abre paso a la posibilidad de su eliminación física”, y añade: “El 1° de septiembre de 2022, la Argentina estuvo a centímetros de atravesar definitivamente esa frontera”.
Los dirigentes políticos que realizaron esta afirmación destacan que “este aniversario no interpela exclusivamente al peronismo ni a quienes acompañan políticamente a Cristina Fernández de Kirchner. Interpela al conjunto del sistema democrático argentino”. En este sentido, lanzan un llamado: “Los partidos políticos, cualquiera sea su identidad ideológica, deberían ser capaces de establecer un acuerdo elemental: en democracia, al adversario se lo enfrenta con ideas, argumentos, organización política y votos. Nunca se lo persigue hasta convertir el ejercicio de la política en un riesgo para su libertad, su integridad o su vida”.
A cuatro años del atentado contra la Vicepresidenta, creemos fundamental reflexionar sobre las condiciones políticas, culturales y comunicacionales que posibilitaron que un arma cargada fuera gatillada a centímetros de su rostro.
Esa situación no puede verse como un evento aislado; se enmarca en un contexto de crecimiento de discursos de odio, campañas de estigmatización, desinformación y otras formas de violencia política dirigidas, particularmente, contra Cristina Fernández de Kirchner.
La denominada “antipolítica” va más allá del rechazo espontáneo hacia los representantes; ha sido alimentada por sectores del poder económico y promovida por medios de comunicación y redes sociales. Cuando la política es descrita constantemente como sinónimo de corrupción, cuando el dirigente se convierte en enemigo, y el insulto reemplaza al debate, la democracia comienza a debilitarse.
Dentro de este panorama, se deben considerar también las prácticas de lawfare: el uso de mecanismos judiciales y comunicacionales para perseguir y excluir a determinados dirigentes. Esta combinación de hostigamiento puede permitir que lo que debería ser inadmisible llegue a normalizarse.
El 1° de septiembre de 2022, un hombre apuntó con un arma a la cabeza de la entonces Vicepresidenta. Ese momento debería ser recordado no solo por lo que ocurrió, sino también por lo que pudo haber sucedido.
Por lo tanto, este aniversario debe ser un llamado a la reflexión para todo el sistema democrático argentino. Es vital que los partidos, independientemente de su postura ideológica, reconozcan que en democracia se debe enfrentar al adversario a través de ideas y argumentos, jamás a través de la persecución que pone en peligro su libertad y vida.
Este análisis cobra mayor relevancia al conmemorarse los 50 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Aunque los contextos son diferentes, la historia nos ha enseñado que ningún proyecto nacional debe construirse sobre la eliminación del disidente. Hace medio siglo, miles de argentinos fueron víctimas del terrorismo de Estado. Desde la recuperación de la democracia en 1983, se establecieron nuevas reglas para la convivencia: las diferencias políticas deben resolverse en el ámbito institucional, mediante el diálogo y el voto. Es preocupante que, a cinco décadas del golpe, aún existan sectores que consideren al adversario político como alguien a destruir o silenciar.
Las herramientas de hostigamiento han cambiado; hoy se manifiestan a través de campañas digitales y desinformación. Sin embargo, es fundamental defender el límite democrático que prohíbe la persecución, amenaza o violencia por razones políticas.
Defender este límite no implica abogar por una política sin conflictos. La política es, por naturaleza, un campo de debate y confrontación de ideas. Lo que se debe restaurar es la legitimidad del adversario, permitiendo la confrontación sin deshumanizar y reconociendo que ninguna victoria electoral justifica la violencia.
Los firmantes de esta declaración expresan su apoyo a Cristina Fernández de Kirchner en este nuevo aniversario del atentado y asumen el compromiso de reivindicar la política. Defienden la palabra frente a la violencia, la verdad ante la mentira organizada, el debate frente a la estigmatización y la participación frente a la antipolítica. Además, trabajan para que la discusión y el intercambio de ideas vuelvan a ser reconocidos como lo que nunca debieron dejar de ser: un ejercicio esencial y profundamente democrático. Nunca más la eliminación del adversario. Nunca más la violencia política. Más democracia. Más participación. Más política.
La declaración aborda el contexto de persecución política, mediática y judicial que rodeó el intento de magnicidio de la expresidenta, subrayando que “no puede ser reducido a un episodio aislado ni desvinculado del clima político que lo precedió”.
Asimismo, sostiene: “Existe una frontera que ninguna democracia puede permitirse cruzar: cuando la eliminación simbólica del adversario abre paso a la posibilidad de su eliminación física”, y añade: “El 1° de septiembre de 2022, la Argentina estuvo a centímetros de atravesar definitivamente esa frontera”.
Los dirigentes políticos que realizaron esta afirmación destacan que “este aniversario no interpela exclusivamente al peronismo ni a quienes acompañan políticamente a Cristina Fernández de Kirchner. Interpela al conjunto del sistema democrático argentino”. En este sentido, lanzan un llamado: “Los partidos políticos, cualquiera sea su identidad ideológica, deberían ser capaces de establecer un acuerdo elemental: en democracia, al adversario se lo enfrenta con ideas, argumentos, organización política y votos. Nunca se lo persigue hasta convertir el ejercicio de la política en un riesgo para su libertad, su integridad o su vida”.
A cuatro años del atentado contra la Vicepresidenta, creemos fundamental reflexionar sobre las condiciones políticas, culturales y comunicacionales que posibilitaron que un arma cargada fuera gatillada a centímetros de su rostro.
Esa situación no puede verse como un evento aislado; se enmarca en un contexto de crecimiento de discursos de odio, campañas de estigmatización, desinformación y otras formas de violencia política dirigidas, particularmente, contra Cristina Fernández de Kirchner.
La denominada “antipolítica” va más allá del rechazo espontáneo hacia los representantes; ha sido alimentada por sectores del poder económico y promovida por medios de comunicación y redes sociales. Cuando la política es descrita constantemente como sinónimo de corrupción, cuando el dirigente se convierte en enemigo, y el insulto reemplaza al debate, la democracia comienza a debilitarse.
Dentro de este panorama, se deben considerar también las prácticas de lawfare: el uso de mecanismos judiciales y comunicacionales para perseguir y excluir a determinados dirigentes. Esta combinación de hostigamiento puede permitir que lo que debería ser inadmisible llegue a normalizarse.
El 1° de septiembre de 2022, un hombre apuntó con un arma a la cabeza de la entonces Vicepresidenta. Ese momento debería ser recordado no solo por lo que ocurrió, sino también por lo que pudo haber sucedido.
Por lo tanto, este aniversario debe ser un llamado a la reflexión para todo el sistema democrático argentino. Es vital que los partidos, independientemente de su postura ideológica, reconozcan que en democracia se debe enfrentar al adversario a través de ideas y argumentos, jamás a través de la persecución que pone en peligro su libertad y vida.
Este análisis cobra mayor relevancia al conmemorarse los 50 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Aunque los contextos son diferentes, la historia nos ha enseñado que ningún proyecto nacional debe construirse sobre la eliminación del disidente. Hace medio siglo, miles de argentinos fueron víctimas del terrorismo de Estado. Desde la recuperación de la democracia en 1983, se establecieron nuevas reglas para la convivencia: las diferencias políticas deben resolverse en el ámbito institucional, mediante el diálogo y el voto. Es preocupante que, a cinco décadas del golpe, aún existan sectores que consideren al adversario político como alguien a destruir o silenciar.
Las herramientas de hostigamiento han cambiado; hoy se manifiestan a través de campañas digitales y desinformación. Sin embargo, es fundamental defender el límite democrático que prohíbe la persecución, amenaza o violencia por razones políticas.
Defender este límite no implica abogar por una política sin conflictos. La política es, por naturaleza, un campo de debate y confrontación de ideas. Lo que se debe restaurar es la legitimidad del adversario, permitiendo la confrontación sin deshumanizar y reconociendo que ninguna victoria electoral justifica la violencia.
Los firmantes de esta declaración expresan su apoyo a Cristina Fernández de Kirchner en este nuevo aniversario del atentado y asumen el compromiso de reivindicar la política. Defienden la palabra frente a la violencia, la verdad ante la mentira organizada, el debate frente a la estigmatización y la participación frente a la antipolítica. Además, trabajan para que la discusión y el intercambio de ideas vuelvan a ser reconocidos como lo que nunca debieron dejar de ser: un ejercicio esencial y profundamente democrático. Nunca más la eliminación del adversario. Nunca más la violencia política. Más democracia. Más participación. Más política.









