La inteligencia artificial (IA) ha sido empleada durante varios años en el análisis de imágenes médicas y la aceleración de la investigación de nuevos tratamientos. Recientemente, una empresa de biotecnología ha afirmado haber realizado un avance significativo al administrar a un paciente virus diseñados mediante IA para tratar una infección para la cual no había más opciones terapéuticas disponibles. La empresa en cuestión es Radical Numerics, que presenta su modelo de IA, denominado Omnii-1. Este sistema fue usado para crear nuevos bacteriófagos —virus que infectan bacterias— con el objetivo de atacar una cepa de Escherichia coli resistente a todos los tratamientos disponibles para ese paciente. Los bacteriófagos se investigan desde hace más de un siglo como potenciales soluciones para infecciones bacterianas, pero su uso se ve limitado por su especificidad. Identificar un fago que actúe contra una bacteria concreta puede llevar un tiempo considerable, lo cual es especialmente preocupante en casos de pacientes críticos. La resistencia a los antimicrobianos es considerada una de las amenazas más serias para la salud mundial, causando cientos de miles de muertes anualmente. En este caso particular, los investigadores enfrentaron una situación grave. La bacteria había desarrollado no solo resistencia a múltiples antibióticos, sino también a los fagos previamente conocidos. Fue en esta coyuntura que se recurrió a Omnii-1, el cual fue entrenado para modificar regiones específicas del virus T7, una plataforma común en microbiología. El propósito era diseñar nuevas variantes que pudieran adherirse a la bacteria resistente y destruirla. Posteriormente, los diseños generados por este sistema fueron sintetizados en un laboratorio. A partir de las secuencias de ADN obtenidas, los investigadores produjeron nuevos virus y los sometieron a pruebas con muestras de la bacteria aislada del paciente. Los resultados iniciales fueron prometedores, según lo indicado por Radical Numerics: “En las pruebas de laboratorio, el cóctel que contenía variantes diseñadas por Omnii‑1 eliminó la cepa resistente aislada del paciente”, sostiene el informe técnico de la compañía. Este avance permitió avanzar hacia un paso más ambicioso: la administración de los virus al paciente. La noticia generó un interés internacional notable, ya que se trataría de la primera ocasión en que un ser humano recibe fagos diseñados mediante inteligencia artificial. Sin embargo, surgen razones para mantener un enfoque cauteloso. Está comprobado que los fagos fueron diseñados, fabricados y administrados, pero aún no se conoce su efectividad dentro del organismo. La empresa misma ha indicado que no divulgará información sobre la evolución clínica del paciente ni los resultados médicos obtenidos tras el tratamiento por motivos de privacidad. Esta falta de información ha llevado a muchos científicos a observar el caso con interés, pero también con precaución. Michael Baym, microbiólogo de Harvard, consideró que esta metodología podría ser un avance significativo si demuestra eficacia clínica, aunque reconoció su escepticismo inicial frente a la noticia. Más allá del desenlace de este caso particular, el trabajo proporciona evidencia adicional: la inteligencia artificial puede diseñar organismos biológicos funcionales. Los experimentos realizados mostraron que Omnii-1 generó variantes viables de fagos con una eficiencia superior a la lograda mediante cambios aleatorios y se sometieron a pruebas con diversas bacterias patógenas para evaluar su adaptabilidad. La administración del tratamiento recibió la aprobación de la Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos a través de un mecanismo llamado “single-patient expanded access”, que permite el uso de terapias experimentales en ausencia de alternativas razonables para pacientes específicos. La empresa alega haber empleado este mecanismo para llevar a cabo el tratamiento. Sin embargo, esta autorización no representa una aprobación general por parte de la FDA. Hasta ahora, no se ha emitido ningún comunicado oficial por parte de la agencia sobre este caso particular, ni existe documentación pública que analice la evolución clínica del paciente. La falta de información es una de las razones por las que muchos expertos opinan que es demasiado pronto para afirmar que se ha logrado una demostración clínica exitosa y una terapia que pueda ser adoptada de forma generalizada. En resumen, se puede afirmar que una inteligencia artificial diseñó virus capaces de atacar una bacteria resistente en un entorno controlado y que estos virus fueron administrados a un paciente bajo una autorización especial. Lo que aún debe comprobarse es si esta tecnología tiene el potencial de mejorar la salud de los pacientes y convertirse, en un futuro, en una herramienta terapéutica de uso común.








