Susana Vázquez, a los 49 años, tomó una decisión que marcó un antes y un después en su vida. Tras casi once años de relación, se dio cuenta de que esperar el momento perfecto para ser madre podría resultar en una espera interminable. Su pareja era consciente de su deseo de maternidad y de que tenía óvulos preservados, pero cada vez que surgía el tema, la respuesta era que aún no era el momento adecuado. Así, optó por priorizar su proyecto personal por encima de la relación.
Actualmente, con 52 años, reside en Madrid, trabaja como policía local en Coslada y se dedica al atletismo de ultra fondo. Además, es madre de Leo, un niño de dos años que llegó a su vida gracias a un tratamiento de fecundación in vitro.
El anhelo de ser madre la acompañó durante varios años. Susana había pasado por una separación que la afectó profundamente; había tenido una relación de más de diez años, con planes de formar una familia y un hogar ya adquirido que parecía estar en el camino correcto.
Sin embargo, fue en ese momento que descubrió que su pareja mantenía una relación paralela. Este hallazgo la hundió en una depresión, que se vio agravada por la muerte de su perro, un compañero constante desde su juventud que le brindó apoyo emocional durante períodos difíciles.
En medio de esa crisis, una amiga le sugirió la opción de congelar sus óvulos. A los 34 años, y sintiendo que el reloj biológico corría en su contra, consideró que esa era una alternativa para abrirse a la posibilidad del futuro, a pesar de que en ese instante no sabía si alguna vez la utilizaría. Con el tiempo, se enfocó en recuperarse, viajar y disfrutar de una vida más libre, lo que la llevó a conocer a una nueva pareja.
Esta nueva relación le hizo soñar nuevamente con el amor. Él expresaba el deseo de formar una familia, pero los planes siempre se postergaban. Susana decidió confiar y esperar, hasta que a los 49 años comprendió que esa espera no era neutral. Continuar en esa relación podría significar la renuncia definitiva a su maternidad.
“Yo llevaba casi 11 años con mi novio, pero decidí dejar la relación. Él sabía que yo tenía óvulos preservados y que quería ser madre. Pero siempre que se lo planteaba, me decía que no era el momento. Entonces, un día con 49 años me dije que si seguía con él, no iba a ser madre nunca. Y me planteé renunciar a mi pareja. Me pesó más el deseo de ser madre”, reflexionó.
Al definir iniciar el tratamiento, Susana era consciente de que las probabilidades no eran sencillas. A los 50 años, el proceso de fecundación in vitro suele implicar varios intentos y un monitoreo riguroso. Sin embargo, contra todo pronóstico, logró quedar embarazada en el primer intento y tuvo un embarazo que describe como envidiable.
Su estilo de vida atlético también sorprendió a quienes la rodeaban; apenas cuatro días antes de dar a luz, participó en una carrera de diez kilómetros en la playa de San Juan, en Alicante. Cruzó la meta con su barriga visible y recuerda que la reacción del público era de asombro.
Durante su embarazo, mantuvo un control estricto con análisis y ecografías repetidas, a pesar de que los resultados fueran positivos. Finalmente, le indujeron el parto en la semana 40.
Susana reconoce que la maternidad tardía tiene pros y contras. Por un lado, le duele pensar que podría no disfrutar de su hijo tanto tiempo como otros padres más jóvenes. Por otro, defiende el derecho de las mujeres a desarrollarse profesionalmente, vivir diversas etapas y decidir cuándo están listas para ser madres.
Criar a Leo sola no la detuvo. Su familia reside en Alicante y ella en Madrid, por lo que organiza sus días con una disciplina casi atlética. Leo asiste a la guardería de nueve a tres, lo que le permite entrenar, hacer compras, pasear al perro y mantener su hogar.
Trabaja de noche para poder pasar el día con su hijo, educándolo personalmente. Reparte su descanso en sus semanas libres y sostiene una rutina exigente, pero elegida conscientemente.
Su historia está narrada en “Elegir sin miedo”, un libro donde comparte su experiencia. En él, resalta la enseñanza que ha guiado su trayectoria: que algunas decisiones trascendentales se toman cuando se comprende que continuar esperando también conlleva un precio.
Actualmente, con 52 años, reside en Madrid, trabaja como policía local en Coslada y se dedica al atletismo de ultra fondo. Además, es madre de Leo, un niño de dos años que llegó a su vida gracias a un tratamiento de fecundación in vitro.
El anhelo de ser madre la acompañó durante varios años. Susana había pasado por una separación que la afectó profundamente; había tenido una relación de más de diez años, con planes de formar una familia y un hogar ya adquirido que parecía estar en el camino correcto.
Sin embargo, fue en ese momento que descubrió que su pareja mantenía una relación paralela. Este hallazgo la hundió en una depresión, que se vio agravada por la muerte de su perro, un compañero constante desde su juventud que le brindó apoyo emocional durante períodos difíciles.
En medio de esa crisis, una amiga le sugirió la opción de congelar sus óvulos. A los 34 años, y sintiendo que el reloj biológico corría en su contra, consideró que esa era una alternativa para abrirse a la posibilidad del futuro, a pesar de que en ese instante no sabía si alguna vez la utilizaría. Con el tiempo, se enfocó en recuperarse, viajar y disfrutar de una vida más libre, lo que la llevó a conocer a una nueva pareja.
Esta nueva relación le hizo soñar nuevamente con el amor. Él expresaba el deseo de formar una familia, pero los planes siempre se postergaban. Susana decidió confiar y esperar, hasta que a los 49 años comprendió que esa espera no era neutral. Continuar en esa relación podría significar la renuncia definitiva a su maternidad.
“Yo llevaba casi 11 años con mi novio, pero decidí dejar la relación. Él sabía que yo tenía óvulos preservados y que quería ser madre. Pero siempre que se lo planteaba, me decía que no era el momento. Entonces, un día con 49 años me dije que si seguía con él, no iba a ser madre nunca. Y me planteé renunciar a mi pareja. Me pesó más el deseo de ser madre”, reflexionó.
Al definir iniciar el tratamiento, Susana era consciente de que las probabilidades no eran sencillas. A los 50 años, el proceso de fecundación in vitro suele implicar varios intentos y un monitoreo riguroso. Sin embargo, contra todo pronóstico, logró quedar embarazada en el primer intento y tuvo un embarazo que describe como envidiable.
Su estilo de vida atlético también sorprendió a quienes la rodeaban; apenas cuatro días antes de dar a luz, participó en una carrera de diez kilómetros en la playa de San Juan, en Alicante. Cruzó la meta con su barriga visible y recuerda que la reacción del público era de asombro.
Durante su embarazo, mantuvo un control estricto con análisis y ecografías repetidas, a pesar de que los resultados fueran positivos. Finalmente, le indujeron el parto en la semana 40.
Susana reconoce que la maternidad tardía tiene pros y contras. Por un lado, le duele pensar que podría no disfrutar de su hijo tanto tiempo como otros padres más jóvenes. Por otro, defiende el derecho de las mujeres a desarrollarse profesionalmente, vivir diversas etapas y decidir cuándo están listas para ser madres.
Criar a Leo sola no la detuvo. Su familia reside en Alicante y ella en Madrid, por lo que organiza sus días con una disciplina casi atlética. Leo asiste a la guardería de nueve a tres, lo que le permite entrenar, hacer compras, pasear al perro y mantener su hogar.
Trabaja de noche para poder pasar el día con su hijo, educándolo personalmente. Reparte su descanso en sus semanas libres y sostiene una rutina exigente, pero elegida conscientemente.
Su historia está narrada en “Elegir sin miedo”, un libro donde comparte su experiencia. En él, resalta la enseñanza que ha guiado su trayectoria: que algunas decisiones trascendentales se toman cuando se comprende que continuar esperando también conlleva un precio.









