Branko Milanovic, economista de 72 años nacido en Belgrado y posteriormente emigrado a Estados Unidos, ha dedicado su vida al estudio de la desigualdad. Formado en el departamento de Investigación del Banco Mundial, actualmente es profesor en la Universidad de Nueva York y autor de diversos libros sobre este tema. La semana pasada visitó Buenos Aires, donde presentó su última obra, La Gran Transformación Global, cuya traducción al español está prevista para noviembre.
Ante la pregunta sobre a qué se refiere con la gran transformación, Milanovic respondió: “La era de la globalización neoliberal, que se extendió desde los años 80 o 90 hasta la elección de Donald Trump, ha llegado a su fin. No se trata de un fracaso del sistema, sino de la finalización de un periodo de alta globalización”.
Al ser consultado sobre si la pandemia o la ascensión de China han influido en esta transformación, aseguró que “geopolíticamente, China se ha convertido en una potencia capaz de rivalizar con Estados Unidos. Internamente, sus exportaciones han impactado negativamente en el empleo y debilitado a sectores de la clase media en Occidente”.
En relación al descontento político en naciones como Estados Unidos, Alemania y Gran Bretaña, observó que, si bien la distribución del ingreso mejoró a nivel global, las realidades en las economías occidentales fueron distintas. “Los gobiernos podían haber optado por una redistribución de la renta desde los más ricos hacia los afectados por la globalización, pero eligieron restringir o reformar la misma globalización”.
Sobre las políticas de contención hacia China por parte de los gobiernos de Trump y Biden, destacó que estas decisiones fueron impulsadas por “una combinación de temores geopolíticos e insatisfacción interna”. El ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio en 2001 cambió el panorama, ya que su avance se hizo evidente al pasar de la manufactura de bajo valor a industrias más avanzadas, lo que fue posible gracias a la inversión extranjera y a la demanda de transferencia tecnológica a cambio de acceso a su vasto mercado.
Milanovic también señaló que “la crisis financiera de 2008 marcó un punto de inflexión”. Esta situación reveló las inestabilidades provocadas por la movilidad de capitales, creando pérdidas en ingresos y empleo. En este contexto, la percepción de que los bancos fueron rescatados mientras los ciudadanos perdían sus hogares intensificó el resentimiento social.
El experto expresó que las élites globalizadas, el 10% más adinerado, se han distanciado de la realidad de los ciudadanos. Considera que estas élites creen firmemente que su riqueza es merecida, lo que alimenta el rechazo popular hacia ellas y el apoyo a figuras fuera del sistema.
Respecto a la desigualdad en América Latina, Milanovic enfatizó que, a pesar de ciertos avances, sigue siendo pronunciada. Comparó la desigualdad en Brasil y Argentina, y resaltó que incluso el país de la región con menor desigualdad se presenta más desigual que el más desigual de Europa.
A nivel global, la desigualdad ha disminuido gracias al crecimiento de economías como China e India, que han sacado a millones de la pobreza. Sin embargo, alertó que China ahora puede ampliar la brecha con los países más pobres, especialmente en Africa, donde la población sigue en aumento pero los ingresos están rezagados.
Milanovic identificó como instrumentos para reducir la desigualdad mejores sistemas educativos, capacitación laboral, subsidios, pensiones y un sistema impositivo más equitativo, aunque advirtió que los grandes obstáculos son de naturaleza política, más que técnica.
Sobre el argumento de que la riqueza de los más prósperos beneficiará a todos, afirmó: “La creencia de que la riqueza se filtrará automáticamente es una ilusión interesada que se utiliza para oponerse a los impuestos y a la redistribución”.
En lo que respecta a las nuevas élites tecnológicas, destacó su influencia y riqueza, y se preguntó sobre el futuro de los empleos en un mundo donde la inteligencia artificial avanza. Expresó que, en un escenario pesimista, esto podría llevar a una alta concentración de poder y a grandes poblaciones sin trabajo significativo, aunque también mencionó la posibilidad de que surjan nuevas oportunidades laborales. Sin embargo, advirtió que un gran desarrollo de la inteligencia artificial podría poner en riesgo la existencia de una amplia clase media en el futuro.
Ante la pregunta sobre a qué se refiere con la gran transformación, Milanovic respondió: “La era de la globalización neoliberal, que se extendió desde los años 80 o 90 hasta la elección de Donald Trump, ha llegado a su fin. No se trata de un fracaso del sistema, sino de la finalización de un periodo de alta globalización”.
Al ser consultado sobre si la pandemia o la ascensión de China han influido en esta transformación, aseguró que “geopolíticamente, China se ha convertido en una potencia capaz de rivalizar con Estados Unidos. Internamente, sus exportaciones han impactado negativamente en el empleo y debilitado a sectores de la clase media en Occidente”.
En relación al descontento político en naciones como Estados Unidos, Alemania y Gran Bretaña, observó que, si bien la distribución del ingreso mejoró a nivel global, las realidades en las economías occidentales fueron distintas. “Los gobiernos podían haber optado por una redistribución de la renta desde los más ricos hacia los afectados por la globalización, pero eligieron restringir o reformar la misma globalización”.
Sobre las políticas de contención hacia China por parte de los gobiernos de Trump y Biden, destacó que estas decisiones fueron impulsadas por “una combinación de temores geopolíticos e insatisfacción interna”. El ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio en 2001 cambió el panorama, ya que su avance se hizo evidente al pasar de la manufactura de bajo valor a industrias más avanzadas, lo que fue posible gracias a la inversión extranjera y a la demanda de transferencia tecnológica a cambio de acceso a su vasto mercado.
Milanovic también señaló que “la crisis financiera de 2008 marcó un punto de inflexión”. Esta situación reveló las inestabilidades provocadas por la movilidad de capitales, creando pérdidas en ingresos y empleo. En este contexto, la percepción de que los bancos fueron rescatados mientras los ciudadanos perdían sus hogares intensificó el resentimiento social.
El experto expresó que las élites globalizadas, el 10% más adinerado, se han distanciado de la realidad de los ciudadanos. Considera que estas élites creen firmemente que su riqueza es merecida, lo que alimenta el rechazo popular hacia ellas y el apoyo a figuras fuera del sistema.
Respecto a la desigualdad en América Latina, Milanovic enfatizó que, a pesar de ciertos avances, sigue siendo pronunciada. Comparó la desigualdad en Brasil y Argentina, y resaltó que incluso el país de la región con menor desigualdad se presenta más desigual que el más desigual de Europa.
A nivel global, la desigualdad ha disminuido gracias al crecimiento de economías como China e India, que han sacado a millones de la pobreza. Sin embargo, alertó que China ahora puede ampliar la brecha con los países más pobres, especialmente en Africa, donde la población sigue en aumento pero los ingresos están rezagados.
Milanovic identificó como instrumentos para reducir la desigualdad mejores sistemas educativos, capacitación laboral, subsidios, pensiones y un sistema impositivo más equitativo, aunque advirtió que los grandes obstáculos son de naturaleza política, más que técnica.
Sobre el argumento de que la riqueza de los más prósperos beneficiará a todos, afirmó: “La creencia de que la riqueza se filtrará automáticamente es una ilusión interesada que se utiliza para oponerse a los impuestos y a la redistribución”.
En lo que respecta a las nuevas élites tecnológicas, destacó su influencia y riqueza, y se preguntó sobre el futuro de los empleos en un mundo donde la inteligencia artificial avanza. Expresó que, en un escenario pesimista, esto podría llevar a una alta concentración de poder y a grandes poblaciones sin trabajo significativo, aunque también mencionó la posibilidad de que surjan nuevas oportunidades laborales. Sin embargo, advirtió que un gran desarrollo de la inteligencia artificial podría poner en riesgo la existencia de una amplia clase media en el futuro.









