La campaña 2025/26 ha dado un importante paso adelante para el girasol en Argentina. Según datos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, la superficie sembrada ha alcanzado las 2,85 millones de hectáreas, marcando uno de los niveles más altos de los últimos ciclos y superando al anterior. Este crecimiento no se debe únicamente a las condiciones climáticas favorables que han beneficiado el desarrollo del cultivo en diversas regiones, sino también a una evolución constante en genética y manejo que permite obtener producciones más estables y competitivas. Joaquín Lesser, Brand Manager de Nidera Semillas, subrayó que el aumento en la superficie refleja un proceso de transformación que se ha estado gestando durante varios años. “Al girasol muchas veces se lo ha considerado un cultivo marginal. Sin embargo, los avances en mejoramiento genético y en manejo agronómico demuestran que hoy está al mismo nivel tecnológico que sus pares”, sostuvo Lesser. Aunque las condiciones climáticas han sido un factor clave, sobre todo en el noreste argentino, los especialistas coinciden en que el verdadero cambio se debe a años de investigación genética orientada a desarrollar híbridos con mayor potencial de rendimiento, estabilidad y calidad, capaces de adaptarse incluso a ambientes complicados. El éxito del girasol depende de varias variables interrelacionadas. Entre ellas, la disponibilidad de agua, la radiación y la fertilidad del lote continúan siendo factores cruciales. Además, las decisiones de manejo, como la elección de la fecha de siembra, la densidad adecuada, la correcta implantación y el control oportuno de malezas, plagas y enfermedades, son determinantes. “El rendimiento del girasol depende de la interacción entre ambiente, manejo y genética”, aclaró Facundo Lescano, extensionista de Nidera Semillas para el centro-norte de Córdoba. En regiones como el Chaco, la decisión sobre la fecha de siembra toma especial relevancia. Emanuel Casañas, parte del equipo de Desarrollo de Producto de Nidera Semillas para el NEA y Bolivia, comentó que la ventana óptima se sitúa entre finales de julio y agosto, cuando la temperatura del suelo oscila alrededor de los 15 °C y la profundidad de siembra no supera los cinco centímetros. El especialista recordó que el cultivo soporta heladas en sus primeras etapas de desarrollo, aunque a partir del estado V6 su sensibilidad a las bajas temperaturas aumenta, por lo que una correcta planificación de la siembra es fundamental para mitigar riesgos durante ese periodo. Lesser también destacó que el compromiso de la empresa con el cultivo ha sido continuo. “El girasol es un cultivo importante al que nunca le hemos restado inversión. Nuestro principal objetivo es incrementar el potencial de rendimiento en grano, pero también mejorar el contenido de materia grasa, que es un componente clave para la rentabilidad del productor. Además, contamos con híbridos Clearfield de alta performance y un perfil sanitario diferenciador”, explicó. Dentro del portafolio de Nidera, el NS 1113 CL se distingue por su estabilidad, alto potencial de rendimiento y elevado contenido de materia grasa, alcanzando promedios cercanos al 54%, un atributo que puede traducirse en bonificaciones comerciales. El NS 1115 CL, en cambio, combina alto potencial de rendimiento y un contenido promedio de materia grasa del 52%, adaptándose a diversas regiones girasoleras. Por otro lado, el NS 1117 CL presenta un notable comportamiento ante Phomopsis y una respuesta estable tanto en ambientes de bajo potencial como en cultivos de alta productividad. Lesser agregó que los avances en mejoramiento genético permiten alcanzar incrementos anuales en el rendimiento que superan los 50 kilos por hectárea, manteniendo niveles de materia grasa por encima del 50%. “Si a esa buena performance productiva se le suma la estabilidad, se comprende por qué el cultivo sigue expandiéndose incluso en regiones no tradicionales”, afirmó. Los resultados de la última campaña respaldan estas afirmaciones. En ensayos llevados a cabo por el INTA Marcos Juárez en nueve localidades que no son consideradas tradicionales para el cultivo, el NS 1113 CL obtuvo un rendimiento promedio de 2.900 kilos por hectárea, un 11% superior al promedio del resto de los híbridos evaluados. Asimismo, evaluaciones comparativas realizadas por CREA en cuatro establecimientos del centro del país situaron al NS 1115 CL en el primer puesto en todos los ambientes analizados, con rendimientos ajustados por materia grasa que variaron entre 3.164 y 5.053 kilos por hectárea. A pesar de que en muchas áreas la presión por enfermedades sigue siendo baja, algunos patógenos continúan representando un reto para el cultivo. Ayelén Silva Reis, extensionista de Nidera Semillas para el sur de Córdoba, San Luis, noreste de La Pampa y noroeste de Buenos Aires, advirtió que Phomopsis continúa siendo una de las principales enfermedades debido a su capacidad para afectar tanto el tallo como el capítulo del girasol. En la reciente campaña también se reportó la presencia de roya negra en algunos lotes, una enfermedad que, según explica, puede ser controlada mediante monitoreos frecuentes y aplicaciones oportunas de fungicidas. En relación al control de malezas, todos los híbridos de girasol de Nidera incorporan la tecnología Clearfield®, que permite llevar a cabo aplicaciones de ClearSol® en postemergencia temprana para el control de malezas gramíneas y de hoja ancha. “Es una herramienta crucial para un cultivo que cuenta con pocas alternativas de control postemergente”, destacó la especialista. El respaldo técnico también incluye recomendaciones de manejo, la definición de fechas de siembra y densidades según el ambiente, monitoreo de lotes, uso de drones, herramientas de agricultura digital y programas como el seguro de resiembra. Estas iniciativas se gestionan a través de la Red IN, la red exclusiva de distribuidores de Nidera, que ofrece asesoramiento adaptado a las necesidades de cada productor y región. El crecimiento del girasol es también evidente en el mapa productivo nacional. Córdoba, San Luis, el sur de Santa Fe, Entre Ríos y el noroeste de Buenos Aires concentran actualmente cerca del 20% de la superficie nacional destinada a este cultivo, una participación que se ha duplicado en los últimos seis años. La expansión del cultivo tiene un componente histórico. Lesser recordó que Nidera fue una de las compañías pioneras en la promoción del girasol en Argentina, desde la introducción del concepto de semilla híbrida hasta el mejoramiento genético enfocado en el rendimiento, el contenido de materia grasa y el perfil sanitario, acompañando el crecimiento de esta producción hacia nuevas áreas. Para Lescano, esta expansión se relaciona directamente con la mayor estabilidad que ahora presenta el cultivo. “Los pisos de rendimiento son más altos y la variabilidad es menor”, resumió. Esta previsibilidad representa una ventaja importante frente a otros cultivos, especialmente en ambientes donde las condiciones tienden a ser más inciertas. Además del rendimiento, el contenido de materia grasa se ha convertido en otro factor fundamental. Los híbridos actuales superan habitualmente el 52% y, en algunos casos, llegan a valores cercanos al 54%, lo que mejora la rentabilidad, especialmente para los productores ubicados en zonas alejadas de los puertos. “La materia grasa son kilos que viajan sin pagar flete”, sintetizó Casañas, señalando una ventaja considerable en áreas distantes de los principales centros de comercialización. Por último, se observa un crecimiento en la adopción del girasol alto oleico, cuyos híbridos ya logran rendimientos similares a los de los materiales convencionales y, debido a la alta demanda internacional, pueden recibir bonificaciones que oscilan entre 20 y 50 dólares por tonelada. Para Lesser, el reto ahora es continuar mejorando la productividad mediante la combinación de genética y manejo. “La estabilidad y el potencial de rendimiento ya no son caminos antagónicos para el girasol. Nuestros equipos han estado trabajando durante años en la generación de información en campo y en la adecuación de recomendaciones de manejo para cada ambiente. Hoy contamos con herramientas que permiten un manejo variable y una selección más precisa del híbrido para maximizar la rentabilidad. Esa integración entre genética, conocimiento y acompañamiento técnico seguirá siendo fundamental para el crecimiento del cultivo”, concluyó.









