En el exigente mundo del maratón, la recuperación tras la competencia puede prolongarse hasta dos meses. Así lo expresó Félix Sánchez, maratonista argentino de 39 años, en una entrevista en la que abordó temas como la preparación, el dolor, la presión competitiva y el equilibrio personal.
El atleta originario de Formosa compartió su experiencia sobre la exigencia de esta disciplina y cómo aspectos como la edad, el descanso y la vida cotidiana influyen en su carrera. Aseguró que en los próximos meses participará en la media maratón de Buenos Aires y la maratón de Buenos Aires, además del K42 Villa La Angostura, que se han convertido en sus principales metas de la temporada.
Sánchez detalló que la preparación para un maratón suele llevar aproximadamente tres meses, durante los cuales se focaliza en ritmos controlados y largas distancias, con un plan que busca optimizar el rendimiento para el día de la competición.
El corredor advirtió que participar de manera continua en carreras de 10 kilómetros durante ese intervalo puede interrumpir el proceso de entrenamiento. Desde su perspectiva, un calendario de este tipo podría restar tiempo esencial para entrenamientos fundacionales, perjudicando el desempeño en los 42,195 kilómetros.
“El atleta en sí, por lo general, la maratón se prepara tres meses antes”, afirmó. En esta línea, remarcó la importancia de gestionar esfuerzos y evitar decisiones que pongan en riesgo el objetivo principal.
Para Sánchez, la maratón no comienza en la salida, sino mucho antes, a través de una serie de largas sesiones de entrenamiento, ritmos regulados y cargas diseñadas para sostener el esfuerzo durante varias horas.
Al referirse a las sensaciones durante la carrera, distinguió entre el desgaste físico y la presión mental. Compartió que sus entrenamientos en altura lo han preparado para lidiar con altos niveles de exigencia. “Yo sufro muy poco porque siempre cuando entreno acá en la altura son entrenamientos muy difíciles”, indicó. Esta adaptación, según comentó, le permite aceptar el sufrimiento como un elemento habitual de su preparación.
Sin embargo, el aspecto más desafiante radica en la ansiedad por los resultados. “Lo que más miedo da es el resultado”, expresó, aludiendo a la presión generada por las expectativas y la necesidad de obtener buenos resultados.
Señaló que el estrés no proviene únicamente del esfuerzo físico; también influye la obligación de cumplir con estándares de rendimiento que pueden afectar futuros apoyos y oportunidades.
Otro punto fundamental de la conversación fue el tiempo que necesita el cuerpo para recuperarse tras competir. El deportista enfatizó que la percepción de bienestar del corredor puede no reflejar la verdadera recuperación física.
Sánchez hizo notar la diferencia en tiempos de recuperación según la distancia. Tras una media maratón, la recuperación puede tomar alrededor de dos semanas, mientras que un maratón completo requiere considerablemente más.
“Vos te podés sentir bien a la semana siguiente, pero el cuerpo dos meses tarda en recuperar todo ese esfuerzo”, indicó, añadiendo que esta exigencia se intensifica con la edad.
Reconociéndose a sí mismo como un atleta de 39 años, reveló que una de sus batallas radica en seleccionar cuidadosamente cada meta. Esta experiencia se hizo evidente tras su victoria en el Maratón de Mar del Plata, una competencia que requirió de una recuperación rigurosa.
Sánchez también reflexionó sobre la situación de los atletas en Argentina, señalando que muchos deben asumir el costo de su preparación, a diferencia de otros países que cuentan con estructuras más sólidas. En esos casos, los deportistas acceden a patrocinadores, asistencia profesional y supervisión continua, lo que les permite gestionar de manera ordenada la nutrición, la kinesiología, el descanso y la planificación del entrenamiento.
En el ámbito local, indicó, esta red de apoyo a menudo es insuficiente. “Hoy el argentino tiene que ir a buscar un sponsor”, declaró, describiendo una rutina en la que la sostenibilidad de la carrera implica resolver problemas económicos más allá del entrenamiento.
En este contexto, el maratonista relaciona la motivación con un enfoque de equilibrio. Busca disfrutar del deporte sin caer en exigencias extremas, y menciona actividades cotidianas como compartir mates, facturas o un asado tras las sesiones de entrenamiento. “Mi mayor inspiración es disfrutar del deporte”, enfatizó.
Al finalizar la conversación, dejó un consejo para los recién llegados: entrenar de manera sencilla, apoyarse en profesionales de la salud y priorizar el bienestar antes que la obsesión de competir. “No busquen información de más. Lo simple: correr, entrenar bien, cuidarse y después cada entrenador te dará un objetivo de carrera”, resumió.
El atleta originario de Formosa compartió su experiencia sobre la exigencia de esta disciplina y cómo aspectos como la edad, el descanso y la vida cotidiana influyen en su carrera. Aseguró que en los próximos meses participará en la media maratón de Buenos Aires y la maratón de Buenos Aires, además del K42 Villa La Angostura, que se han convertido en sus principales metas de la temporada.
Sánchez detalló que la preparación para un maratón suele llevar aproximadamente tres meses, durante los cuales se focaliza en ritmos controlados y largas distancias, con un plan que busca optimizar el rendimiento para el día de la competición.
El corredor advirtió que participar de manera continua en carreras de 10 kilómetros durante ese intervalo puede interrumpir el proceso de entrenamiento. Desde su perspectiva, un calendario de este tipo podría restar tiempo esencial para entrenamientos fundacionales, perjudicando el desempeño en los 42,195 kilómetros.
“El atleta en sí, por lo general, la maratón se prepara tres meses antes”, afirmó. En esta línea, remarcó la importancia de gestionar esfuerzos y evitar decisiones que pongan en riesgo el objetivo principal.
Para Sánchez, la maratón no comienza en la salida, sino mucho antes, a través de una serie de largas sesiones de entrenamiento, ritmos regulados y cargas diseñadas para sostener el esfuerzo durante varias horas.
Al referirse a las sensaciones durante la carrera, distinguió entre el desgaste físico y la presión mental. Compartió que sus entrenamientos en altura lo han preparado para lidiar con altos niveles de exigencia. “Yo sufro muy poco porque siempre cuando entreno acá en la altura son entrenamientos muy difíciles”, indicó. Esta adaptación, según comentó, le permite aceptar el sufrimiento como un elemento habitual de su preparación.
Sin embargo, el aspecto más desafiante radica en la ansiedad por los resultados. “Lo que más miedo da es el resultado”, expresó, aludiendo a la presión generada por las expectativas y la necesidad de obtener buenos resultados.
Señaló que el estrés no proviene únicamente del esfuerzo físico; también influye la obligación de cumplir con estándares de rendimiento que pueden afectar futuros apoyos y oportunidades.
Otro punto fundamental de la conversación fue el tiempo que necesita el cuerpo para recuperarse tras competir. El deportista enfatizó que la percepción de bienestar del corredor puede no reflejar la verdadera recuperación física.
Sánchez hizo notar la diferencia en tiempos de recuperación según la distancia. Tras una media maratón, la recuperación puede tomar alrededor de dos semanas, mientras que un maratón completo requiere considerablemente más.
“Vos te podés sentir bien a la semana siguiente, pero el cuerpo dos meses tarda en recuperar todo ese esfuerzo”, indicó, añadiendo que esta exigencia se intensifica con la edad.
Reconociéndose a sí mismo como un atleta de 39 años, reveló que una de sus batallas radica en seleccionar cuidadosamente cada meta. Esta experiencia se hizo evidente tras su victoria en el Maratón de Mar del Plata, una competencia que requirió de una recuperación rigurosa.
Sánchez también reflexionó sobre la situación de los atletas en Argentina, señalando que muchos deben asumir el costo de su preparación, a diferencia de otros países que cuentan con estructuras más sólidas. En esos casos, los deportistas acceden a patrocinadores, asistencia profesional y supervisión continua, lo que les permite gestionar de manera ordenada la nutrición, la kinesiología, el descanso y la planificación del entrenamiento.
En el ámbito local, indicó, esta red de apoyo a menudo es insuficiente. “Hoy el argentino tiene que ir a buscar un sponsor”, declaró, describiendo una rutina en la que la sostenibilidad de la carrera implica resolver problemas económicos más allá del entrenamiento.
En este contexto, el maratonista relaciona la motivación con un enfoque de equilibrio. Busca disfrutar del deporte sin caer en exigencias extremas, y menciona actividades cotidianas como compartir mates, facturas o un asado tras las sesiones de entrenamiento. “Mi mayor inspiración es disfrutar del deporte”, enfatizó.
Al finalizar la conversación, dejó un consejo para los recién llegados: entrenar de manera sencilla, apoyarse en profesionales de la salud y priorizar el bienestar antes que la obsesión de competir. “No busquen información de más. Lo simple: correr, entrenar bien, cuidarse y después cada entrenador te dará un objetivo de carrera”, resumió.









