Argentina se posiciona como el país con la mayor deuda ante el Fondo Monetario Internacional (FMI), acumulando obligaciones por u$s 56.800 millones. Esta cifra supera la deuda combinada de los seis países que le siguen en el ranking.
No obstante, el aspecto más relevante para los inversores radica no solo en el tamaño de este compromiso, sino en su relación con la economía local y la calificación crediticia, que continúa varios niveles por debajo del grado de inversión.
La comparación internacional revela que, a pesar de que Argentina tiene la mayor deuda con el FMI, naciones como Pakistán, Egipto y Ecuador, que deben significativamente menos, tienen calificaciones soberanas que son similares o incluso superiores en algunas agencias.
Esto plantea interrogantes sobre los factores que influyen en el acceso al financiamiento internacional y las posibilidades de mitigar el riesgo país.
La información proviene de un análisis de Visual Capitalist, que utilizó estadísticas oficiales del FMI. Este estudio compara la deuda pendiente de cada país con el organismo en relación con el Producto Bruto Interno (PBI) proyectado para este año. Argentina ocupa el primer lugar, tanto en términos absolutos como en su proporción respecto a la economía.
La diferencia entre Argentina y los demás deudores es considerable. Con una carga de u$s 56.800 millones, el país supera a Ucrania, que ocupa el segundo puesto con u$s 14.400 millones, a pesar de estar en guerra. Así, la deuda argentina es casi cuatro veces mayor que la de esa nación europea.
Pakistán, por su parte, tiene una deuda de u$s 10.800 millones, seguido de Egipto con u$s 10.600 millones, y Ecuador con u$s 9.400 millones. Más atrás, se ubican Costa de Marfil, que debe u$s 5.600 millones, y Ghana, con u$s 4.000 millones.
La suma total de estos seis países asciende a u$s 54.800 millones, lo que indica que Argentina tiene u$s 2.000 millones más en deudas que todos juntos, ilustrando la magnitud de sus compromisos financieros con el FMI.
Además, el ranking permite observar la exposición de cada economía. La deuda argentina representa el 8,2% de su PBI previsto para 2026, mientras que Ecuador se sitúa en el 6,8%, Ucrania en el 6,4%, Egipto en el 2,5% y Pakistán en el 2,4%.
Esta comparación es crucial, ya que el monto absoluto no necesariamente indica la capacidad de pago. Una economía más robusta puede gestionar deudas más elevadas, mientras que un país más pequeño podría enfrentar serias dificultades con compromisos menores.
En el caso argentino, el elevado nivel de deuda con el FMI se debe a la acumulación de obligaciones generadas por sucesivos programas financieros, que incluyen el acuerdo de 2018, su posterior refinanciación y el nuevo plan aprobado en abril de 2025, que agrega u$s 20.000 millones a la carga.
A pesar de algunas mejoras macroeconómicas, el propio Fondo ha señalado que Argentina sigue enfrentando vulnerabilidades en términos de reservas internacionales y la necesidad de restablecer un acceso sostenible a los mercados de capitales.
La comparación se enriquece aún más al incorporar las evaluaciones de las principales agencias de calificación de riesgo crediticio. Argentina cuenta con una calificación B- de S&P Global Ratings y Fitch Ratings, mientras que Moody’s la clasifica en B3, un nivel equivalente. Estas calificaciones están dentro de la categoría especulativa, aunque reflejan avances durante el transcurso de 2026.
En mayo, Fitch mejoró la nota de Argentina de CCC+ a B-. Posteriormente, en junio, S&P también elevó su evaluación a B-, y en julio, Moody’s incrementó su calificación desde Caa1 a B3, asignándole una perspectiva positiva.
No obstante, el contraste con otros grandes deudores del FMI es notable. Pakistán, que tiene u$s 10.800 millones de deuda con la institución, cuenta con una calificación B de S&P, un nivel superior al argentino. Moody’s también lo clasifica como B3 y Fitch le otorga B-, lo que lo coloca en una posición similar a la de Argentina.
Pakistán logró una mejora de S&P en julio de 2026, destacando los progresos en la ampliación de la base tributaria, consolidación fiscal y recuperación de reservas internacionales, así como la implementación de reformas estructurales respaldadas por el FMI.
Egipto presenta una situación comparable. Con una deuda de u$s 10.600 millones ante el FMI, mantiene calificaciones B de S&P y Fitch, una categoría por encima de Argentina. Moody’s también lo sitúa en B3, el mismo nivel que Argentina.
La mejora más reciente se produjo el 16 de octubre, cuando Moody’s aumentó su calificación desde Caa1 hasta B3, justificando este avance por el ajuste fiscal, la reducción de la carga de deuda y el fortalecimiento de las reservas internacionales.
Ecuador, con una deuda de u$s 9.400 millones, es otra comparación importante. A pesar de que su deuda es aproximadamente una sexta parte de la de Argentina, posee una calificación B- de S&P y Fitch, mientras que Moody’s lo coloca en Caa1, un escalón inferior al B3 argentino.
Ecuador logró reintegrarse a los mercados internacionales de deuda en enero de 2026, emitiendo u$s 4.000 millones en bonos con vencimientos en 2034 y 2039. Según el FMI, esta operación le permitió extender plazos y disminuir las necesidades de financiamiento a corto plazo, aunque con un costo promedio cercano al 9% anual.
En conclusión, los cuatro países mantienen perfiles de crédito con alto riesgo, pero las diferencias en su endeudamiento con el FMI no se traducen en disimilitudes equivalentes en sus calificaciones soberanas.
No obstante, el aspecto más relevante para los inversores radica no solo en el tamaño de este compromiso, sino en su relación con la economía local y la calificación crediticia, que continúa varios niveles por debajo del grado de inversión.
La comparación internacional revela que, a pesar de que Argentina tiene la mayor deuda con el FMI, naciones como Pakistán, Egipto y Ecuador, que deben significativamente menos, tienen calificaciones soberanas que son similares o incluso superiores en algunas agencias.
Esto plantea interrogantes sobre los factores que influyen en el acceso al financiamiento internacional y las posibilidades de mitigar el riesgo país.
La información proviene de un análisis de Visual Capitalist, que utilizó estadísticas oficiales del FMI. Este estudio compara la deuda pendiente de cada país con el organismo en relación con el Producto Bruto Interno (PBI) proyectado para este año. Argentina ocupa el primer lugar, tanto en términos absolutos como en su proporción respecto a la economía.
La diferencia entre Argentina y los demás deudores es considerable. Con una carga de u$s 56.800 millones, el país supera a Ucrania, que ocupa el segundo puesto con u$s 14.400 millones, a pesar de estar en guerra. Así, la deuda argentina es casi cuatro veces mayor que la de esa nación europea.
Pakistán, por su parte, tiene una deuda de u$s 10.800 millones, seguido de Egipto con u$s 10.600 millones, y Ecuador con u$s 9.400 millones. Más atrás, se ubican Costa de Marfil, que debe u$s 5.600 millones, y Ghana, con u$s 4.000 millones.
La suma total de estos seis países asciende a u$s 54.800 millones, lo que indica que Argentina tiene u$s 2.000 millones más en deudas que todos juntos, ilustrando la magnitud de sus compromisos financieros con el FMI.
Además, el ranking permite observar la exposición de cada economía. La deuda argentina representa el 8,2% de su PBI previsto para 2026, mientras que Ecuador se sitúa en el 6,8%, Ucrania en el 6,4%, Egipto en el 2,5% y Pakistán en el 2,4%.
Esta comparación es crucial, ya que el monto absoluto no necesariamente indica la capacidad de pago. Una economía más robusta puede gestionar deudas más elevadas, mientras que un país más pequeño podría enfrentar serias dificultades con compromisos menores.
En el caso argentino, el elevado nivel de deuda con el FMI se debe a la acumulación de obligaciones generadas por sucesivos programas financieros, que incluyen el acuerdo de 2018, su posterior refinanciación y el nuevo plan aprobado en abril de 2025, que agrega u$s 20.000 millones a la carga.
A pesar de algunas mejoras macroeconómicas, el propio Fondo ha señalado que Argentina sigue enfrentando vulnerabilidades en términos de reservas internacionales y la necesidad de restablecer un acceso sostenible a los mercados de capitales.
La comparación se enriquece aún más al incorporar las evaluaciones de las principales agencias de calificación de riesgo crediticio. Argentina cuenta con una calificación B- de S&P Global Ratings y Fitch Ratings, mientras que Moody’s la clasifica en B3, un nivel equivalente. Estas calificaciones están dentro de la categoría especulativa, aunque reflejan avances durante el transcurso de 2026.
En mayo, Fitch mejoró la nota de Argentina de CCC+ a B-. Posteriormente, en junio, S&P también elevó su evaluación a B-, y en julio, Moody’s incrementó su calificación desde Caa1 a B3, asignándole una perspectiva positiva.
No obstante, el contraste con otros grandes deudores del FMI es notable. Pakistán, que tiene u$s 10.800 millones de deuda con la institución, cuenta con una calificación B de S&P, un nivel superior al argentino. Moody’s también lo clasifica como B3 y Fitch le otorga B-, lo que lo coloca en una posición similar a la de Argentina.
Pakistán logró una mejora de S&P en julio de 2026, destacando los progresos en la ampliación de la base tributaria, consolidación fiscal y recuperación de reservas internacionales, así como la implementación de reformas estructurales respaldadas por el FMI.
Egipto presenta una situación comparable. Con una deuda de u$s 10.600 millones ante el FMI, mantiene calificaciones B de S&P y Fitch, una categoría por encima de Argentina. Moody’s también lo sitúa en B3, el mismo nivel que Argentina.
La mejora más reciente se produjo el 16 de octubre, cuando Moody’s aumentó su calificación desde Caa1 hasta B3, justificando este avance por el ajuste fiscal, la reducción de la carga de deuda y el fortalecimiento de las reservas internacionales.
Ecuador, con una deuda de u$s 9.400 millones, es otra comparación importante. A pesar de que su deuda es aproximadamente una sexta parte de la de Argentina, posee una calificación B- de S&P y Fitch, mientras que Moody’s lo coloca en Caa1, un escalón inferior al B3 argentino.
Ecuador logró reintegrarse a los mercados internacionales de deuda en enero de 2026, emitiendo u$s 4.000 millones en bonos con vencimientos en 2034 y 2039. Según el FMI, esta operación le permitió extender plazos y disminuir las necesidades de financiamiento a corto plazo, aunque con un costo promedio cercano al 9% anual.
En conclusión, los cuatro países mantienen perfiles de crédito con alto riesgo, pero las diferencias en su endeudamiento con el FMI no se traducen en disimilitudes equivalentes en sus calificaciones soberanas.









