A cuatro años de su retiro del fútbol profesional, Maxi Rodríguez ha mantenido una activa presencia en los campos de juego, participando como comentarista y analista deportivo en la cobertura del Mundial 2026 para TNT Sports y Telemundo Deportes. “La verdad es que me gusta, tuve la primera experiencia en Qatar y se dio todo redondo; ahora repetimos. También me toca estar con otras selecciones, es algo que me gusta”, expresó Maxi, de 45 años, en un programa de TNT Sports sobre su nueva faceta, después de haber brillado en la cancha.
En este rol, tuvo la oportunidad de compartir el campo de juego el último lunes con personalidades como Jürgen Klopp, José Néstor Pekerman y Thomas Müller, durante la cobertura de Argentina-Austria. Allí, pudo abrazar a su excompañero y amigo Lionel Messi, quien recientemente se convirtió en el máximo goleador de la historia de los mundiales.
El 24 de junio no es una fecha cualquiera para Maxi Rodríguez. Ese día marca uno de los hitos más importantes de su carrera. Hace 20 años, el 24 de junio de 2006, en el Zentralstadion de Leipzig (actualmente conocido como Red Bull Arena), el tiempo pareció detenerse. Argentina y México disputaban los octavos de final de la Copa del Mundo de Alemania, en un duelo tenso y equilibrado que se definía por pequeños detalles. El marcador estaba 1-1 y el tiempo se agotaba. Entonces, a los 8 minutos de la prórroga, Maxi realizó una jugada que quedaría grabada en la memoria colectiva.
Lionel Messi recibió un pase de Riquelme y se la entregó a Juan Pablo Sorín, quien, desde la izquierda, lanzó un cambio de frente con un pase largo y preciso. Maxi, que se había cerrado desde la banda derecha, bajó la pelota de pecho con maestría. Fue un control orientado perfecto que lo dejó en una posición ideal para el remate, cerca de 25 metros del arco. Sin dudar, permitió que la pelota cayera y, antes de que tocara el suelo, disparó un potente zurdazo que voló como un misil.
El tiro fue impecable. La pelota describió una trayectoria curva, evadiendo el intento de Oswaldo Sánchez y se alojó en el palo derecho del arco. El estadio estalló en una explosión de júbilo. Fue un gol que resonó con la combinación de alivio y euforia de un partido que Argentina luchaba por dominar. El festejo de Maxi, que corrió hacia sus compañeros, encapsuló la emoción de un país que celebraba el pasaje a cuartos de final, instancia en la que serían eliminados por Alemania, en una tanda de penales. Sin embargo, esa sería otra historia.
Este gol no solo fue una muestra de brillantez técnica por su control y potencia; fue un momento destacado de una selección que anhelaba redimirse tras el fracaso de 2002, y que se había estado preparando bajo la dirección de Pekerman. Ese grito de “¡Maxi, Maxi!” desde las tribunas aún debe resonar en su memoria. A dos décadas de aquel gol, ese zurdazo se mantiene como uno de los momentos más recordados de la rica historia mundialista argentina.
En este rol, tuvo la oportunidad de compartir el campo de juego el último lunes con personalidades como Jürgen Klopp, José Néstor Pekerman y Thomas Müller, durante la cobertura de Argentina-Austria. Allí, pudo abrazar a su excompañero y amigo Lionel Messi, quien recientemente se convirtió en el máximo goleador de la historia de los mundiales.
El 24 de junio no es una fecha cualquiera para Maxi Rodríguez. Ese día marca uno de los hitos más importantes de su carrera. Hace 20 años, el 24 de junio de 2006, en el Zentralstadion de Leipzig (actualmente conocido como Red Bull Arena), el tiempo pareció detenerse. Argentina y México disputaban los octavos de final de la Copa del Mundo de Alemania, en un duelo tenso y equilibrado que se definía por pequeños detalles. El marcador estaba 1-1 y el tiempo se agotaba. Entonces, a los 8 minutos de la prórroga, Maxi realizó una jugada que quedaría grabada en la memoria colectiva.
Lionel Messi recibió un pase de Riquelme y se la entregó a Juan Pablo Sorín, quien, desde la izquierda, lanzó un cambio de frente con un pase largo y preciso. Maxi, que se había cerrado desde la banda derecha, bajó la pelota de pecho con maestría. Fue un control orientado perfecto que lo dejó en una posición ideal para el remate, cerca de 25 metros del arco. Sin dudar, permitió que la pelota cayera y, antes de que tocara el suelo, disparó un potente zurdazo que voló como un misil.
El tiro fue impecable. La pelota describió una trayectoria curva, evadiendo el intento de Oswaldo Sánchez y se alojó en el palo derecho del arco. El estadio estalló en una explosión de júbilo. Fue un gol que resonó con la combinación de alivio y euforia de un partido que Argentina luchaba por dominar. El festejo de Maxi, que corrió hacia sus compañeros, encapsuló la emoción de un país que celebraba el pasaje a cuartos de final, instancia en la que serían eliminados por Alemania, en una tanda de penales. Sin embargo, esa sería otra historia.
Este gol no solo fue una muestra de brillantez técnica por su control y potencia; fue un momento destacado de una selección que anhelaba redimirse tras el fracaso de 2002, y que se había estado preparando bajo la dirección de Pekerman. Ese grito de “¡Maxi, Maxi!” desde las tribunas aún debe resonar en su memoria. A dos décadas de aquel gol, ese zurdazo se mantiene como uno de los momentos más recordados de la rica historia mundialista argentina.









