Bahía Blanca ha sido testigo del verdadero significado de la solidaridad en los últimos años. La ciudad enfrentó diversas crisis, desde la pandemia que afectó a cientos de familias hasta el devastador temporal del 16 de diciembre de 2023, que causó la muerte de 13 personas y dejó a la ciudad en ruinas tras ráfagas de viento sin precedentes. Apenas 15 meses después, una nueva inundación el 7 de marzo de 2025 arrasó superficies enteras, miles de ciudadanos perdieron sus pertenencias y muchas imágenes de aquella tragedia aún permanecen en la memoria colectiva.
En este escenario desafiante, José Gabriel Tedesco, un óptico comprometido con su comunidad, decidió no permanecer indiferente. Si bien no era bombero ni médico, encontró su manera de contribuir: restablecer la visión de aquellos que, además de perder casi todo, se quedaron sin sus anteojos.
Esa experiencia marcó no solo a muchas familias, sino que transformó su perspectiva sobre la solidaridad.
Más de un año después de esa tragedia, Tedesco retornó con una idea tanto sencilla como ingeniosa. En la entrada de su óptica, ubicada en la esquina de Fitz Roy y Saavedra, dispuso decenas de anteojos de sol de marcas reconocidas sobre una mesa para que cualquier persona pudiera acceder a ellos. Junto a los anteojos, un cartel establece la única condición para llevárselos: “Déjanos un alimento no perecedero o un producto de higiene personal y llévate un par de anteojos de sol”.
No existen promociones ocultas ni obligación de adquirir algo. Es una iniciativa que convierte un producto sin salida comercial en ayuda tangible para quienes más lo necesitan.
Con más de 30 años de trayectoria como óptico, Tedesco administra diez comercios en Bahía Blanca. En sus depósitos se acumulaban cientos de lentes de temporadas anteriores, anteojos de marca que, por la llegada de nuevos modelos, dejaron de ser comercializados. “Pensé que antes de liquidarlos o venderlos a precios bajos, prefería regalarlos y que fueran útiles para alguien”, comentó.
Detrás de esta idea hay una historia conmovedora. Cuando la inundación del 7 de marzo de 2025 afectó a la ciudad, una imagen se grabó en su memoria: una mujer mayor llorando al perder los lentes que necesitaba para ver. “Pensé que podía hacer algo. Tengo una fábrica de cristales y la posibilidad de dar una respuesta”, recordó.
Ese mismo día, Tedesco publicó un mensaje ofreciendo mil pares de anteojos gratuitos a los afectados. La respuesta fue inmediata; cerca de 1200 personas llegaron y, cuando el local estaba por cerrar, todavía continuaban golpeando la puerta.
Naturalmente, levantó el teléfono y contactó a proveedores en Buenos Aires para solicitar ayuda. Juntos lograron ampliar la campaña, entregando cerca de 3000 anteojos a quienes habían perdido absolutamente todo.
Aquella experiencia reafirmó su convicción de que siempre hay formas de ayudar, incluso en los momentos más difíciles. Por eso, esta vez decidió hacerlo nuevamente, aunque de una manera diferente: “Lo hice de corazón. Suelo regalar muchos anteojos todos los días; es parte de mi forma de ser”, remarked.
Antes de iniciar la campaña, se puso en contacto con Cáritas para saber lo que más necesitaban. Luego, se comunicó con el Cottolengo, y mientras la primera organización pidió alimentos no perecederos, el hogar mencionó su escasez de productos de higiene personal.
Con esa información, Tedesco organizó la campaña. No hizo publicidad ni contrató una agencia, ni siquiera publicó grandes anuncios en redes sociales; simplemente colocó el cartel en la puerta de su óptica y dejó que la propuesta hablara por sí misma.
La respuesta superó sus expectativas. Al finalizar el primer día, una camioneta de Cáritas se retiró completamente cargada de donaciones. “Me sorprendió mucho. La gente reaccionó de inmediato. Y eso que solo colocamos el cartel afuera”, expresó.
La campaña apenas ha comenzado y aún tiene muchos lentes por entregar. Estima que podrá mantenerla durante varias semanas, con la esperanza de que cada par de anteojos se convierta en alimentos o productos necesarios para quienes más lo requieren.
Lo único que le resulta difícil de aceptar es el reconocimiento: “No me gusta salir en los medios. Nunca he publicitado lo que hago”, confiesa. Sin embargo, ha decidido compartir su historia para que más personas se sumen a la causa: “Quiero que la gente venga a buscar un anteojo y deje una donación. El reconocimiento debería ser para ellos, no para mí. Son ellos los que están ayudando”, sostiene.
Al final, resume su motivación con una frase que refleja su enfoque altruista: “Dios ya me dio demasiado. Soy un agradecido. Si puedo ayudar, ayudo. Esa es toda mi finalidad”.
Hasta el momento, la iniciativa avanza con éxito. Cada par de anteojos que se lleva de la mesa deja a su paso un alimento o un producto de higiene destinado a quienes lo necesitan. En una ciudad que ha aprendido a recuperarse de la adversidad, gestos como este reafirman que la solidaridad sigue siendo una de las mejores maneras de reconstruirse.
En este escenario desafiante, José Gabriel Tedesco, un óptico comprometido con su comunidad, decidió no permanecer indiferente. Si bien no era bombero ni médico, encontró su manera de contribuir: restablecer la visión de aquellos que, además de perder casi todo, se quedaron sin sus anteojos.
Esa experiencia marcó no solo a muchas familias, sino que transformó su perspectiva sobre la solidaridad.
Más de un año después de esa tragedia, Tedesco retornó con una idea tanto sencilla como ingeniosa. En la entrada de su óptica, ubicada en la esquina de Fitz Roy y Saavedra, dispuso decenas de anteojos de sol de marcas reconocidas sobre una mesa para que cualquier persona pudiera acceder a ellos. Junto a los anteojos, un cartel establece la única condición para llevárselos: “Déjanos un alimento no perecedero o un producto de higiene personal y llévate un par de anteojos de sol”.
No existen promociones ocultas ni obligación de adquirir algo. Es una iniciativa que convierte un producto sin salida comercial en ayuda tangible para quienes más lo necesitan.
Con más de 30 años de trayectoria como óptico, Tedesco administra diez comercios en Bahía Blanca. En sus depósitos se acumulaban cientos de lentes de temporadas anteriores, anteojos de marca que, por la llegada de nuevos modelos, dejaron de ser comercializados. “Pensé que antes de liquidarlos o venderlos a precios bajos, prefería regalarlos y que fueran útiles para alguien”, comentó.
Detrás de esta idea hay una historia conmovedora. Cuando la inundación del 7 de marzo de 2025 afectó a la ciudad, una imagen se grabó en su memoria: una mujer mayor llorando al perder los lentes que necesitaba para ver. “Pensé que podía hacer algo. Tengo una fábrica de cristales y la posibilidad de dar una respuesta”, recordó.
Ese mismo día, Tedesco publicó un mensaje ofreciendo mil pares de anteojos gratuitos a los afectados. La respuesta fue inmediata; cerca de 1200 personas llegaron y, cuando el local estaba por cerrar, todavía continuaban golpeando la puerta.
Naturalmente, levantó el teléfono y contactó a proveedores en Buenos Aires para solicitar ayuda. Juntos lograron ampliar la campaña, entregando cerca de 3000 anteojos a quienes habían perdido absolutamente todo.
Aquella experiencia reafirmó su convicción de que siempre hay formas de ayudar, incluso en los momentos más difíciles. Por eso, esta vez decidió hacerlo nuevamente, aunque de una manera diferente: “Lo hice de corazón. Suelo regalar muchos anteojos todos los días; es parte de mi forma de ser”, remarked.
Antes de iniciar la campaña, se puso en contacto con Cáritas para saber lo que más necesitaban. Luego, se comunicó con el Cottolengo, y mientras la primera organización pidió alimentos no perecederos, el hogar mencionó su escasez de productos de higiene personal.
Con esa información, Tedesco organizó la campaña. No hizo publicidad ni contrató una agencia, ni siquiera publicó grandes anuncios en redes sociales; simplemente colocó el cartel en la puerta de su óptica y dejó que la propuesta hablara por sí misma.
La respuesta superó sus expectativas. Al finalizar el primer día, una camioneta de Cáritas se retiró completamente cargada de donaciones. “Me sorprendió mucho. La gente reaccionó de inmediato. Y eso que solo colocamos el cartel afuera”, expresó.
La campaña apenas ha comenzado y aún tiene muchos lentes por entregar. Estima que podrá mantenerla durante varias semanas, con la esperanza de que cada par de anteojos se convierta en alimentos o productos necesarios para quienes más lo requieren.
Lo único que le resulta difícil de aceptar es el reconocimiento: “No me gusta salir en los medios. Nunca he publicitado lo que hago”, confiesa. Sin embargo, ha decidido compartir su historia para que más personas se sumen a la causa: “Quiero que la gente venga a buscar un anteojo y deje una donación. El reconocimiento debería ser para ellos, no para mí. Son ellos los que están ayudando”, sostiene.
Al final, resume su motivación con una frase que refleja su enfoque altruista: “Dios ya me dio demasiado. Soy un agradecido. Si puedo ayudar, ayudo. Esa es toda mi finalidad”.
Hasta el momento, la iniciativa avanza con éxito. Cada par de anteojos que se lleva de la mesa deja a su paso un alimento o un producto de higiene destinado a quienes lo necesitan. En una ciudad que ha aprendido a recuperarse de la adversidad, gestos como este reafirman que la solidaridad sigue siendo una de las mejores maneras de reconstruirse.








