Hilda Barsellini y Pedro Tempodalera se conocieron durante su adolescencia, pero sus trayectorias tomaron rumbos diferentes y transcurrieron sesenta años sin verse. Mientras Hilda formó su familia en Argentina, Pedro se estableció en Valencia, España.
El reencuentro se produjo tres años atrás, gracias a un amigo mutuo. Desde entonces, han cultivado una relación a una distancia de más de 12.000 kilómetros. Mantienen contacto frecuente, hablando entre 15 y 20 veces al día, y viajan cuando es posible para encontrarse, pasando tiempo juntos en Buenos Aires y en Europa.
Pedro recibió en su hogar de Valencia a un amigo argentino que no veía desde la juventud. Durante una conversación, recordaron a las personas de su pasado y surgió el nombre de Hilda. “Mi compañero de tal deporte murió, al otro le falta un ojo, al otro le falta una pierna, pero la que está bien es Hilda, la que bailaba con vos. Le dije: ‘Dame el teléfono que la quiero llamar’… 60 años que yo no la veía, yo hice mi vida y ella hizo la suya”, recordó Pedro.
Sin embargo, el amigo no le facilitó el número sin primero consultar a Hilda. Al regresar a su ciudad, una amiga en común llamada Nora se acercó a Hilda para pedirle su permiso para compartir su contacto.
En diciembre de ese mismo año, Pedro viajó a Buenos Aires para celebrar su cumpleaños con su hermano mellizo. Durante su visita, contactó a Hilda y comenzaron a verse. “Él no perdió el tiempo, me llamó y justo venía para acá. Y bueno, empezamos a salir, fuimos a tomar un té, a almorzar, al cine y ahí empezó nuestra relación”, relató Hilda.
“Así empezó nuestro noviazgo, nuestra amistad, no tiene una etiqueta”, añadió Pedro.
Hilda tenía 14 años cuando conoció a Pedro, y ambos solían ir a bailar al Moulin Rouge, un local en Lomas de Zamora donde se escuchaban boleros y música tropical. En esa época, Hilda asistía acompañada por su madre, ya que no podían ir solas. “Él se quedó un tiempo conmigo y se fue porque dijo que yo era muy seria”, recordó.
Pedro mencionó que un amigo suyo, apodado Canchero, se tomó la iniciativa de conquistarla y tuvo éxito. Así, comenzaron a salir a los 15 años, se casaron y tuvieron hijos. Mientras tanto, Pedro también contrajo matrimonio y tuvo tres hijos, recorriendo Europa en motorhome con su esposa hasta asentarse en Valencia.
Al reencontrarse, Hilda llevaba siete años de viuda y Pedro había perdido a su esposa hacía menos de un año. “No me animaba a avisarles a mis hijos. Nos veíamos un poco escondidas, parecíamos dos chicos”, compartió Hilda. Pedro, por su parte, mencionó que a sus hijos les resultó más difícil aceptar la relación.
Sin embargo, Hilda expresó: “Tengo 82 años y me quedan pocos carnavales. Entonces, lo poco que pueda absorber, lo absorbo al 100%. A esta edad es muy importante la compañía”.
Desde entonces, Hilda ha viajado a Europa una vez, y Pedro ha venido a Argentina más de cuatro ocasiones. Durante una de las visitas de Hilda, ambos disfrutaron juntos de un viaje a París. “Si ahora vuelve, la voy a llevar a Italia”, comentó Pedro.
A pesar de la distancia, se comunican todos los días. Pedro mencionó que llegan a hablar por videollamada hasta 20 veces al día. Cuando se encuentran, comparten paseos, comidas, escapadas y participan en actividades en un centro de jubilados.
En una de sus visitas a Argentina, decidieron ir a la Basílica de Nuestra Señora de Luján. “Me dijo: ‘Vamos a casarnos’. Él ya había traído las alianzas. Entonces nos fuimos atrás de la Virgen, por supuesto solos, y ahí nos pusimos los anillos”, recordó Hilda.
Pedro aclaró que “es un compromiso simbólico”. “Cuánto va a durar, no sabemos, nadie sabe. Mientras tanto, vivimos el momento”, concluyó Hilda.
El reencuentro se produjo tres años atrás, gracias a un amigo mutuo. Desde entonces, han cultivado una relación a una distancia de más de 12.000 kilómetros. Mantienen contacto frecuente, hablando entre 15 y 20 veces al día, y viajan cuando es posible para encontrarse, pasando tiempo juntos en Buenos Aires y en Europa.
Pedro recibió en su hogar de Valencia a un amigo argentino que no veía desde la juventud. Durante una conversación, recordaron a las personas de su pasado y surgió el nombre de Hilda. “Mi compañero de tal deporte murió, al otro le falta un ojo, al otro le falta una pierna, pero la que está bien es Hilda, la que bailaba con vos. Le dije: ‘Dame el teléfono que la quiero llamar’… 60 años que yo no la veía, yo hice mi vida y ella hizo la suya”, recordó Pedro.
Sin embargo, el amigo no le facilitó el número sin primero consultar a Hilda. Al regresar a su ciudad, una amiga en común llamada Nora se acercó a Hilda para pedirle su permiso para compartir su contacto.
En diciembre de ese mismo año, Pedro viajó a Buenos Aires para celebrar su cumpleaños con su hermano mellizo. Durante su visita, contactó a Hilda y comenzaron a verse. “Él no perdió el tiempo, me llamó y justo venía para acá. Y bueno, empezamos a salir, fuimos a tomar un té, a almorzar, al cine y ahí empezó nuestra relación”, relató Hilda.
“Así empezó nuestro noviazgo, nuestra amistad, no tiene una etiqueta”, añadió Pedro.
Hilda tenía 14 años cuando conoció a Pedro, y ambos solían ir a bailar al Moulin Rouge, un local en Lomas de Zamora donde se escuchaban boleros y música tropical. En esa época, Hilda asistía acompañada por su madre, ya que no podían ir solas. “Él se quedó un tiempo conmigo y se fue porque dijo que yo era muy seria”, recordó.
Pedro mencionó que un amigo suyo, apodado Canchero, se tomó la iniciativa de conquistarla y tuvo éxito. Así, comenzaron a salir a los 15 años, se casaron y tuvieron hijos. Mientras tanto, Pedro también contrajo matrimonio y tuvo tres hijos, recorriendo Europa en motorhome con su esposa hasta asentarse en Valencia.
Al reencontrarse, Hilda llevaba siete años de viuda y Pedro había perdido a su esposa hacía menos de un año. “No me animaba a avisarles a mis hijos. Nos veíamos un poco escondidas, parecíamos dos chicos”, compartió Hilda. Pedro, por su parte, mencionó que a sus hijos les resultó más difícil aceptar la relación.
Sin embargo, Hilda expresó: “Tengo 82 años y me quedan pocos carnavales. Entonces, lo poco que pueda absorber, lo absorbo al 100%. A esta edad es muy importante la compañía”.
Desde entonces, Hilda ha viajado a Europa una vez, y Pedro ha venido a Argentina más de cuatro ocasiones. Durante una de las visitas de Hilda, ambos disfrutaron juntos de un viaje a París. “Si ahora vuelve, la voy a llevar a Italia”, comentó Pedro.
A pesar de la distancia, se comunican todos los días. Pedro mencionó que llegan a hablar por videollamada hasta 20 veces al día. Cuando se encuentran, comparten paseos, comidas, escapadas y participan en actividades en un centro de jubilados.
En una de sus visitas a Argentina, decidieron ir a la Basílica de Nuestra Señora de Luján. “Me dijo: ‘Vamos a casarnos’. Él ya había traído las alianzas. Entonces nos fuimos atrás de la Virgen, por supuesto solos, y ahí nos pusimos los anillos”, recordó Hilda.
Pedro aclaró que “es un compromiso simbólico”. “Cuánto va a durar, no sabemos, nadie sabe. Mientras tanto, vivimos el momento”, concluyó Hilda.









