La controversia en torno al viaje de Sergio Massa y Malena Galmarini a Barbados resurgió tras las declaraciones de la senadora bonaerense sobre el uso de un avión privado. La pareja se trasladó al Caribe en agosto junto a un grupo de amigos, lo que suscitó interrogantes sobre el costo del vuelo y las condiciones de la invitación.
Galmarini se dirigió a los medios y aclaró que la decisión del viaje se tomó solo dos días antes, subrayando que la aeronave pertenecía a un amigo de muchos años: “Tenemos un amigo de hace muchísimo tiempo que tiene la enorme suerte de tener un avión”, afirmó. En este contexto, allegados a Massa indicaron que el empresario De Narváez invitó a la pareja como regalo por sus 30 años de matrimonio, destacando la larga amistad entre ambos.
El itinerario del viaje incluyó un trayecto principal en un Gulfstream G500 con matrícula N922DN, asociado al grupo empresarial de De Narváez. La aeronave despegó el 13 de agosto desde el aeropuerto de Carrasco, en Montevideo, y aterrizó en Bridgetown, la capital de Barbados. Los registros indican que los viajeros llegaron inicialmente de San Fernando a Carrasco en otro avión, con matrícula LV-BBG.
El regreso incluyó una escala en Asunción. El Gulfstream partió de Barbados, hizo una parada en Paraguay y continuó hacia Uruguay antes de volver a Argentina, finalizando en el aeropuerto de San Fernando. Entre los pasajeros estaban personas cercanas a Massa y Galmarini, como Daniel Guerra y su esposa, Andrea Mirón, y Andrés Ceriani, concejal del Frente Renovador en San Martín, junto a su esposa, Analía Martín.
Expertos del sector estiman que un viaje de ida y vuelta en una aeronave de estas características puede costar alrededor de 200 mil dólares, por lo que el costo operativo total del recorrido podría estar cerca de los 400 mil dólares, sin incluir otros tramos.
“Me puedo ir de vacaciones a donde me dé el cuero”, manifestó Galmarini en referencia a sus decisiones personales y aclaró que no suelen salir a cenar o ir al teatro. Además, destacó que lleva 30 años habitando la misma casa, adquirida mediante un crédito hipotecario del Banco Provincia.
La senadora reconoció que la percepción del viaje podría generar críticas: “Entiendo que parece que suena feo”, afirmó, aunque aclaró que no fue su intención provocar reacciones en otras personas. También defendió la transparencia de su situación patrimonial, asegurando que sus declaraciones juradas han sido públicas durante décadas: “Nosotros no mentimos, hace por lo menos 25 años que nuestras declaraciones juradas, ambas, son públicas”, enfatizó.
Galmarini se dirigió a los medios y aclaró que la decisión del viaje se tomó solo dos días antes, subrayando que la aeronave pertenecía a un amigo de muchos años: “Tenemos un amigo de hace muchísimo tiempo que tiene la enorme suerte de tener un avión”, afirmó. En este contexto, allegados a Massa indicaron que el empresario De Narváez invitó a la pareja como regalo por sus 30 años de matrimonio, destacando la larga amistad entre ambos.
El itinerario del viaje incluyó un trayecto principal en un Gulfstream G500 con matrícula N922DN, asociado al grupo empresarial de De Narváez. La aeronave despegó el 13 de agosto desde el aeropuerto de Carrasco, en Montevideo, y aterrizó en Bridgetown, la capital de Barbados. Los registros indican que los viajeros llegaron inicialmente de San Fernando a Carrasco en otro avión, con matrícula LV-BBG.
El regreso incluyó una escala en Asunción. El Gulfstream partió de Barbados, hizo una parada en Paraguay y continuó hacia Uruguay antes de volver a Argentina, finalizando en el aeropuerto de San Fernando. Entre los pasajeros estaban personas cercanas a Massa y Galmarini, como Daniel Guerra y su esposa, Andrea Mirón, y Andrés Ceriani, concejal del Frente Renovador en San Martín, junto a su esposa, Analía Martín.
Expertos del sector estiman que un viaje de ida y vuelta en una aeronave de estas características puede costar alrededor de 200 mil dólares, por lo que el costo operativo total del recorrido podría estar cerca de los 400 mil dólares, sin incluir otros tramos.
“Me puedo ir de vacaciones a donde me dé el cuero”, manifestó Galmarini en referencia a sus decisiones personales y aclaró que no suelen salir a cenar o ir al teatro. Además, destacó que lleva 30 años habitando la misma casa, adquirida mediante un crédito hipotecario del Banco Provincia.
La senadora reconoció que la percepción del viaje podría generar críticas: “Entiendo que parece que suena feo”, afirmó, aunque aclaró que no fue su intención provocar reacciones en otras personas. También defendió la transparencia de su situación patrimonial, asegurando que sus declaraciones juradas han sido públicas durante décadas: “Nosotros no mentimos, hace por lo menos 25 años que nuestras declaraciones juradas, ambas, son públicas”, enfatizó.









