El último informe de la Organización Meteorológica Mundial sobre la situación de los recursos hídricos a nivel global en 2025 destaca la situación en la Patagonia. Según este organismo de la ONU, las precipitaciones en la región se encuentran alrededor del 40% por debajo de lo normal, sumándose a la preocupación por los grandes incendios que han azotado la zona. Esta situación persiste en el inicio de 2023, aunque ha mostrado signos de mejora a partir del invierno, algo que investigadores locales han subrayado en un estudio sobre la potencial peligrosidad de incendios durante el verano. Si bien se estima que el último tramo de 2026 no presentará grandes complicaciones, será crucial prestar atención al cierre del verano y al inicio del otoño de 2027, cuando se prevé que las condiciones podrían cambiar.
La OMM, en su reporte “Estado de los recursos hídricos mundiales 2025”, resalta que la sequía ha sido una constante en la Patagonia desde mediados de 2024, situación que se ha mantenido durante 2025 y los primeros meses de 2026. A eso se suma la incidencia de incendios, especialmente en la Comarca Andina, que abarca áreas de Río Negro y Neuquén, que incluye localidades como El Hoyo, Epuyén, Lago Puelo y El Bolsón, donde se encuentra el Parque Nacional Lago Puelo junto con una parte del Parque Nacional Los Alerces.
Recientemente, el Servicio Meteorológico Nacional ha emitido un pronóstico trimestral para octubre, noviembre y diciembre, que augura lluvias superiores a lo normal para casi toda la Patagonia, a excepción del extremo sudoeste y Tierra del Fuego, lo cual sugiere una potencial mejora en las condiciones. Sin embargo, investigadores de Bariloche señalan que, aunque se espera que no haya complicaciones importantes hacia el final del año, se debe mantener la atención en febrero y marzo, periodo en el que las condiciones podrían volverse adversas.
Con la llegada del verano, aún persiste la memoria de los devastadores incendios que tuvieron lugar en años previos. En este contexto, Santiago Hurtado y Marcos Easdale, investigadores del Conicet y la Fundación Bariloche, realizaron un estudio para el Servicio de Prevención y Lucha Contra Incendios Forestales de Río Negro, titulado “Peligrosidad de incendios prevista en la región cordillerana de Río Negro para la temporada 2026-2027”.
En este informe, se evalúa un panorama en el que el Índice Meteorológico de Peligros de Incendios, utilizado a nivel mundial y adoptado en Argentina por los principales sistemas de prevención de incendios, registrará una menor peligrosidad relativa en noviembre y diciembre debido a las abundantes precipitaciones. Esto permitirá que la región comience el verano con una carga más baja en comparación con años anteriores. Sin embargo, se anticipa un cambio significativo en enero, al que el informe alude como un cambio de signo, con un aumento en la peligrosidad que alcanzará su punto más álgido entre febrero y marzo. “El escenario más probable es una temporada que empieza de manera relativamente tranquila, pero con un riesgo creciente en la segunda parte, especialmente en febrero hacia el cierre de la temporada, favorecido tanto por el clima como por la acumulación de material combustible en la primavera húmeda”, indicaron los investigadores.
El Índice Meteorológico de Peligros de Incendios se fundamenta en el análisis de variables como la velocidad del viento, la humedad atmosférica, la temperatura y las precipitaciones, permitiendo estimar la propagación de incendios y la cantidad de material seco disponible para ser consumido por el fuego.
Hurtado enfatizó la importancia de distinguir entre el cambio climático a largo plazo y la variabilidad interanual. “Observamos una tendencia hacia años más secos y cálidos en el norte de la Patagonia, lo que incrementa la peligrosidad de los incendios forestales, que son además más complicados de control”, declaró el investigador. Agregó que, aunque este año se espera más humedad al inicio del verano gracias a las nevadas invernales, si se compara con condiciones de hace tres o cuatro décadas, la situación es más preocupante.
Mariano Amoroso, investigador del Conicet y profesor de la Universidad Nacional de Río Negro, también destacó aspectos positivos tras largos períodos adversos, como el aumento en la acumulación de nieve que contribuirá al deshielo y, por ende, al mantenimiento de caudales de agua en niveles adecuados. Sin embargo, advirtió sobre la situación en zonas medias y bajas, donde una lluvia intensa provocó erosión, lo que puede obstaculizar la recuperación de áreas afectadas por incendios. A pesar de este contexto desfavorable, subrayó que el aumento de humedad favorecerá la vegetación que sobrevivió a las llamas: “Los bosques y sotobosques, que llegaban estresados al verano, ahora estarán más saturados. Esto reduce su inflamabilidad y combustibilidad. Hay evidencias de recuperación en lugares como El Bolsón y Epuyén”.
Recordó que los incendios más devastadores ocurrieron tradicionalmente en enero, y sobre todo en febrero y marzo, cuando las condiciones de déficit hídrico y altas temperaturas se consolidaban desde la primavera. Sin embargo, anticipa que la situación será diferente este año, aunque es fundamental no bajar la guardia ante quemas controladas que pueden escaparse.
Con un fin de año más prometedor que en períodos anteriores, Amoroso indicó que la conciencia sobre la preservación del ecosistema patagónico ha aumentado tras los incendios. A su vez, resaltó el esfuerzo conjunto de organismos estatales y grupos comunitarios en la reforestación, que ya comienza a mostrar resultados, especialmente si las condiciones meteorológicas de la próxima temporada son favorables. “El trabajo de plantar especies nativas, a cargo de gobiernos, ONGs y comunidades, se traduce en una mayor supervivencia de los nuevos árboles y beneficia a aquellos que se plantaron en años anteriores y enfrentaron adversidades climáticas”, concluyó.
La OMM, en su reporte “Estado de los recursos hídricos mundiales 2025”, resalta que la sequía ha sido una constante en la Patagonia desde mediados de 2024, situación que se ha mantenido durante 2025 y los primeros meses de 2026. A eso se suma la incidencia de incendios, especialmente en la Comarca Andina, que abarca áreas de Río Negro y Neuquén, que incluye localidades como El Hoyo, Epuyén, Lago Puelo y El Bolsón, donde se encuentra el Parque Nacional Lago Puelo junto con una parte del Parque Nacional Los Alerces.
Recientemente, el Servicio Meteorológico Nacional ha emitido un pronóstico trimestral para octubre, noviembre y diciembre, que augura lluvias superiores a lo normal para casi toda la Patagonia, a excepción del extremo sudoeste y Tierra del Fuego, lo cual sugiere una potencial mejora en las condiciones. Sin embargo, investigadores de Bariloche señalan que, aunque se espera que no haya complicaciones importantes hacia el final del año, se debe mantener la atención en febrero y marzo, periodo en el que las condiciones podrían volverse adversas.
Con la llegada del verano, aún persiste la memoria de los devastadores incendios que tuvieron lugar en años previos. En este contexto, Santiago Hurtado y Marcos Easdale, investigadores del Conicet y la Fundación Bariloche, realizaron un estudio para el Servicio de Prevención y Lucha Contra Incendios Forestales de Río Negro, titulado “Peligrosidad de incendios prevista en la región cordillerana de Río Negro para la temporada 2026-2027”.
En este informe, se evalúa un panorama en el que el Índice Meteorológico de Peligros de Incendios, utilizado a nivel mundial y adoptado en Argentina por los principales sistemas de prevención de incendios, registrará una menor peligrosidad relativa en noviembre y diciembre debido a las abundantes precipitaciones. Esto permitirá que la región comience el verano con una carga más baja en comparación con años anteriores. Sin embargo, se anticipa un cambio significativo en enero, al que el informe alude como un cambio de signo, con un aumento en la peligrosidad que alcanzará su punto más álgido entre febrero y marzo. “El escenario más probable es una temporada que empieza de manera relativamente tranquila, pero con un riesgo creciente en la segunda parte, especialmente en febrero hacia el cierre de la temporada, favorecido tanto por el clima como por la acumulación de material combustible en la primavera húmeda”, indicaron los investigadores.
El Índice Meteorológico de Peligros de Incendios se fundamenta en el análisis de variables como la velocidad del viento, la humedad atmosférica, la temperatura y las precipitaciones, permitiendo estimar la propagación de incendios y la cantidad de material seco disponible para ser consumido por el fuego.
Hurtado enfatizó la importancia de distinguir entre el cambio climático a largo plazo y la variabilidad interanual. “Observamos una tendencia hacia años más secos y cálidos en el norte de la Patagonia, lo que incrementa la peligrosidad de los incendios forestales, que son además más complicados de control”, declaró el investigador. Agregó que, aunque este año se espera más humedad al inicio del verano gracias a las nevadas invernales, si se compara con condiciones de hace tres o cuatro décadas, la situación es más preocupante.
Mariano Amoroso, investigador del Conicet y profesor de la Universidad Nacional de Río Negro, también destacó aspectos positivos tras largos períodos adversos, como el aumento en la acumulación de nieve que contribuirá al deshielo y, por ende, al mantenimiento de caudales de agua en niveles adecuados. Sin embargo, advirtió sobre la situación en zonas medias y bajas, donde una lluvia intensa provocó erosión, lo que puede obstaculizar la recuperación de áreas afectadas por incendios. A pesar de este contexto desfavorable, subrayó que el aumento de humedad favorecerá la vegetación que sobrevivió a las llamas: “Los bosques y sotobosques, que llegaban estresados al verano, ahora estarán más saturados. Esto reduce su inflamabilidad y combustibilidad. Hay evidencias de recuperación en lugares como El Bolsón y Epuyén”.
Recordó que los incendios más devastadores ocurrieron tradicionalmente en enero, y sobre todo en febrero y marzo, cuando las condiciones de déficit hídrico y altas temperaturas se consolidaban desde la primavera. Sin embargo, anticipa que la situación será diferente este año, aunque es fundamental no bajar la guardia ante quemas controladas que pueden escaparse.
Con un fin de año más prometedor que en períodos anteriores, Amoroso indicó que la conciencia sobre la preservación del ecosistema patagónico ha aumentado tras los incendios. A su vez, resaltó el esfuerzo conjunto de organismos estatales y grupos comunitarios en la reforestación, que ya comienza a mostrar resultados, especialmente si las condiciones meteorológicas de la próxima temporada son favorables. “El trabajo de plantar especies nativas, a cargo de gobiernos, ONGs y comunidades, se traduce en una mayor supervivencia de los nuevos árboles y beneficia a aquellos que se plantaron en años anteriores y enfrentaron adversidades climáticas”, concluyó.









